Diario abierto



Hacia el año 2009 o 2010, comencé a anotar el presente, sin mayor propósito, sin ninguna rigurosidad o frecuencia preestablecida. He decidido, ahora, exponer esos apuntes que brotan cuando se “deja de escribir”, la escritura que media la distancia entre un libro y otro, bajo la condición de continuar con esta práctica y publicar esas notas por lo menos una vez a la semana durante un tiempo indefinido.

Este es un diario abierto.
Junio, 2016.







1

He visto que le regalaron un auto a radiocontrol a Daniel y se puso muy nervioso y contento. Repetía que era suyo y suyo y suyo, en esa etapa del ejercicio de la propiedad privada que va de los tres hasta los seis años y que nos forma para el resto de la vida a los hombres.


2

Pensé lo infinitamente sorprendido y entusiasmado que me habría sentido yo si hubiese recibido ese regalo a los cuatro años y tuve una ligera envidia. También quise un tren por esos años y sus rieles. Al despertar, hubo tren para Daniel también.
Es gracioso el gordo: un poco pesado como yo y un poco miedoso y tímido como era mi hermano. Se parece más a la hermana, por supuesto.


3

Vuelvo a leer esto y pienso que le sobran ies. Y griegas. También ciertas palabras; que aquella parte de la propiedad privada está demás, que solo da cuenta de una inseguridad, que es una estupidez lo mismo.


4

Esto que comienza es una carta para ti. Tiene, por tanto, la tardanza y la cursilería que una paloma blanca para mi abuelo. Hay fórmulas, secretos, palabras necesarias.


5

Ahora hay un silencio reconfortante. Estoy en el patio y brisa fresca para mi frescura de shorts y chalas. Solo los dedos sobre el teclado del computador, los dedos de mi hermano en su pieza se escuchan. Cuestión que es ya de por sí un abismo: escriben este silencio.


6

El rostro. La puerta entornada entonces, la poca luz que entra resalta el sudor en la piel del rostro de mi hermano. Una línea y un pompón para finalizar la nariz. Hace calor aún.
Esa luz llega desde la ventana. Y la ventana –hacia el poniente- es la más cercana de los tres al sol. Ventana, hermano y yo, un triángulo escaleno del que represento el vértice occidental.


7

El punto más lejano al mar (el sol, ícaro se precipita al mar).


8


Estuve leyendo a Félix Martínez Bonati.
Que la representación del mundo que nos ofrecen las novelas es una alegoría de diversos aspectos de la realidad. En sentido contrario: un símbolo del mundo.
Mientras el sign­ificado alegórico puede ser diferente en cada novela, el significado simbólico de todas las novelas es el mismo.
Habría una relación entre la función denotativa de las proposiciones –más singularmente entre las proposiciones verdaderas- y el significado simbólico de las novelas. Ambos denotarían lo verdadero.
La verdad de una novela descansa en su capacidad de identificación con aquello que la hace una novela. No hay más.


9

Y se puso nervioso y feliz –practicó la propiedad privada, mi padre-. Como yo que tuve envidia, cogió el carro y jugó. Dispuso obstáculos a lo largo del patio. Sentado en un extremo, se preocupó de cuidadosamente conducir el carro hacia el otro extremo, su punto de partida. Fracasó. Chocó cada vez que tuvo que esquivar; dobló en sentido contrario siempre que debió doblar. Finalmente rió y yo reí. Nos miramos a la cara. Pensé que mi risa albergaba ternura.
Tal vez hubiese sido buen amigo si niños.


10

El Tío. Toma el libro de IMC que traigo de crítico. Lee: “un desintegrador de certidumbres desontologizante”.
-Para qué tanto. Concluye. Le encuentro toda la razón.
Es un buen hombre. Lo he visto el primer minuto luego de un año y tenemos conversación. Charla de adultos. Me dice que tiene cierta pena. Lo comprendo. Quizás diez minutos en los que no siento algún tipo de incomodidad. Me mira y arguye una ocupación, comprende el arte de la convivencia. Se va de la pieza.


11

Puerta entornada, mi hermano duerme. Yo permanezco en la mesa del patio y miro alrededor.


12

Antes el patio era de tierra. El suelo del patio. Había un árbol que quise fuera un jacarandá pero terminó siendo algo más triste. Bajo el árbol un par de perros muertos. Cuando ya fui lo suficientemente grande, enterré a alguno. Luego edificaron camas leñadoras sobre ellos y dormí. Tuve miedo. Cemento cubrió la tierra, baldosas que semejan un tablero de ajedrez: tonalidades del azul cubrieron el cemento.


13

El ardor del antebrazo me despierta anoche. También en el dedo de la mano que escribe. Busqué una araña que no encontré. Volví a tentar el sueño mientras mi hermano rezongó por la luz, cabreado, tuve un miedo bien niño.


14

Todo el día alérgico y las voces, los gritos se me hacen insoportables, la violencia me asiste.
Ahora: todo tranquilo, inmóvil, cartesiano.


15

Por ti me he propuesto escribir cada día hasta que cese el viaje. Esta carta es también una carta de viaje:
"Abiertos los ojos donde alguna vez abrí ventanas y solo vislumbré el deseo de ver".


16

Regularmente John Cale y la musicalización de los poemas de Dylan Thomas ("On a wedding aniversary"; "Lie still, sleep becalmed"; "Do not go gentle into that good night").
Pensando en escribir un poema sobre esa música.


17

Otra puerta esta vez. Blanca sur abierta, dorado cerrojo. Abajo la huella de un pie pequeño, presa de furia infantil. Luz blanca –por el tubo alógeno arriba- resalta la superficie, a pesar de todo, lisa de la puerta. La oscuridad esquiva un triángulo celeste: donde comienza la salida al patio.
Tras la puerta, frente a mí, la proyección de tu imagen.


18

Cena de navidad. Fotógrafo logro un Da Vinci digital: la imagen instantaneizada. Una última cena, indescriptible.


19

Es claro, la expresión de ese rostro es indiscernible. Quizá la punta de un zapato delate una presencia, sea deducible ese fantasma por el tuyo.
Retrocedido del triángulo celeste, fuera de la epifanía: el comienzo de una fuga o la restitución de una imagen.
Yo miro alternativamente al noroeste y hacia abajo.


20

Indiscernible, indescriptible: palabras de ficción. Oscuridad y misterio: el mal gusto, lo cursi. Allí me debato.


21

Por preferir la noche (silencio principal), los shorts y las chalas, me resfrié otra vez. El riesgo de la escritura.


22

Obvio que el objetivo final de esta carta es tu sorpresa. De no ser así, habrá fracasado por completo.


23

El Tío.
Yo estaba solo y hacía calor. Tirado al sillón me masturbaba las primeras veces. Abre la ventana y me descubre. Comprende el arte de la convivencia, se va de la casa.


24

La vez que a los quince juntamos monedas, robamos tequila, compramos unas cervezas y bebimos con José. Al otro día quedaron cervezas que exageramos. El Tío se las roba.


25

Le cuento a José mi mejor treta, cuando le gano el gallito a mi padre; el día que me encontré diez lucas. Corrí el riesgo que me dijera: estamos cortados. Víctor, hasta aquí llegamos, nosotros estamos cortados y de verdad se cortara todo: la confianza construida a partir de silencios, de engaños limpios, delicadezas y sobre todo obediencia irrestricta; el poco dinero que me diera; su alegría.
Aun así, esperé que salieran, me quedé como ya les tenía acostumbrados. Sigiloso entonces al cajón de su plata: un billete de entre muchos.
Al volver, convenzo al primo-niño de que me acompañe a comprarme un helado, que le convido.
Camino al almacén, espero el momento preciso para agacharme y gritar excitado que me encontré diez lucas, primo, diez lucas. Vamos, te compro el helado que quieras, ranita. Por supuesto accede y compro su fidelidad. Tengo un testigo, soy invencible. Demasiado joven para que me acusen de alevosía, cuestionarían su labor como padres, sobre todo mi padre, tan correcto y cobarde.
Lo mejor, la mamá se lo cree todo, piensa que algún “curagüilla” perdió. Mi padre me mira y sabe, sé que lo sabe, sabe que le he robado diez lucas. Y no dice nada.


26

Cuando le conté a José yo ya estaba descreído, desengañado.


27

Cuando desaparece el mar comienza la novela.
La población emigra, reconstruye como puede –varios intentos individuales, desorganizados- la ciudad en otra ciudad. Por televisión se enteran de la evolución del desastre, de las proyecciones para la flora y fauna de la zona. Las autoridades han declarado peligrosa toda el área, aunque quisiéramos, no podríamos volver allí.
Toda la región es custodiada. Con el tiempo un gran vacío hará la cartografía un desierto y los nombres de cada uno de los lugares desaparecen, se olvidan por un solo nombre, el nombre del desierto.
De aquello Agustín, Paula o Gabriela nada sabrán. Para el tiempo en que se consume este olvido ya estarán muertos, quizás, sus propios nietos. Pero esa no es la novela, la novela comienza cuando desaparece el mar. La historia gira en torno a la explicación científica. La novela termina antes de que todo nombre sea olvidado.


28

No quiero escribir esa novela. Es una respuesta demasiado estereotipada al espíritu de los tiempos, existe la idea de la catástrofe y todas las vinculaciones obvias con la historia de Chile. Es una tontería. Por otra parte, de qué sirve una novela.


29

Por supuesto, la novela comienza cuando me voy de esta ciudad.


30

Extraño cuando me he propuesto escribir cada uno de los días que faltan para nuestro reencuentro. En algún sentido, son estas líneas como las líneas que el recluso marca en las paredes de su celda, "las cuatro paredes albicantes".


31

Me es difícil escribir todos los días. Una serie de factores siempre se han tenido que conjugar. Ese juego –las veces que demostró una productividad mayor- fue completamente casual. No obstante, debo prepararme para escribir, encontrar un lugar solitario, en el que no haga otra cosa en el día, ventilado, más bien frío. Callarme o conseguir el silencio mediante momentos de completa inactividad. Luego, escribir sobre ello, tentar la forma de la taciturnidad.


32

Hay fórmulas, secretos, palabras necesarias.
La relación de identidad como recurso majadero. Debo comparar, por ejemplo, los días que cuenta un preso para salir de la cárcel con los días que faltan para nuestro reencuentro. Lo mismo resaltar tus cualidades en la semejanza con cosas "excelsas" o materias "puras" de la existencia. Por ejemplo, pensar, eres pálida, blanca, enseguida la nieve. Como en Perceval, que al ver la sangre sobre la nieve recuerda las mejillas de su amada. Esa palidez también tiene que ver con la muerte y, allí, Eurídice y Orfeo, la ficción llamada Poe, Macedonio Fernández.
El principio de semejanza –como es y ha sido siempre- abre el paso, el camino a la representación.


33

Y desengañado ya de largo, descreído.
1989 o 1990. Parece que íbamos al estadio, en micro. Pasábamos por un barrio más feo y más sucio que este, por fuera de una cancha de fútbol, o recorríamos una muralla larga rallada de grafitis claros, bien escritos. En medio del muro, tan largo como una cancha de fútbol, a young punk estaba sentado sobre un balde. Yo, de entre cinco y siete años, lo miraba maravillado y sonriente como un niño de cinco o siete años puede hacerlo, limpia, esperanzadamente. Su caracho se topó con mi cara y allí me levantó el dedo del medio (he gave me the finger) y me rompió el corazón.


34

Las nueve y media, noche de año nuevo.
Mi papá llega recién del trabajo. Lo sé por sus ruidos, el sonido de sus pasos hasta la reja del antejardín, la manera singular de abrir la puerta o desplazarse cansado al interior de la casa. Le dice la mamá a Daniel: “ya llegó tu abuelo” y él corre a verlo llegar. Solo espero que le diga a su abuelo palabras alentadoras, de esas que los niños dicen sin pensar, esas palabras con las que los adultos se sorprenden y convierten a los niños en seres mitológicos.


35

La otra tía, antes, era una mujer mucho menos conforme, más brutal, por aquello se ganó la antipatía de la madre y su hermana: es una mala mujer, dijeron.
En esta noche de año nuevo la vuelvo a ver y cocina junto a la hermana y la mamá, sonríen mientras los hombres conversamos del mundo y preparamos las bebidas. Resignación es una palabra extraña, creo que simplemente ya no tiene energías para oponerse a tanta opresión.


36

Siento que cuestionan mi alegría –que no es la suya- de vivir la vida. Me dicen que soy amargo. Antes, de niño, cuando no supe su significado, la mamá me llamaba "apático". Gracias a ella supe de esa palabra antes que los otros niños; sin embargo no la entiendo, me causa pena que me diga eso. (“La madre, ¿no es acaso la única que no califica al niño, ni lo pone en una balanza?”).


37

En Epifanía de una sombra, al niño Juan Warni le dicen melancólico y se enfurece, agarra a trompadas al otro. Ni siquiera sabía qué significaba esa palabra.


38

Mi memoria no es dulce cuando niño. Esa era la boca.


39

-Ya no tengo más mocos, me saqué todos los mocos.
Luego de un rato continúa:
-Yo me comí los mocos, no me los saqué.
Concluye:
-No, si no me comí los mocos, me los saqué no más.


40

De crítico, también, me traje el libro de P.P., lleno de referencias misteriosas a un lector no chileno quizás. En algún caso, misteriosas para quien no se entera de lo que pasa, pasó o ha pasado al hijo de alguien en la piscina de su casa en Santiago de Chile.
En el libro escribe que se burló una noche de la muerte del hijo de Warnken, ahogado. Hoy me levanto y prendo la tele y está Warnken con Carla Cordua hablando de la muerte propia en Heidegger. La señora dice que no cree en la propiedad de la muerte, nos morimos como los pájaros, estrellados en los ventanales, los animales, en último término, como las plantas.
También, en el libro, P.P. habla del filipino que dijo estar embarazado. Alude pero no explicita en ningún caso.
Además leo si puedo el libro de Martínez Bonati. La “alusión inexplícita no limitada por un canon convencional” es un extremo –el contemporáneo- del progreso romántico hacia la particularidad contingente. Frente a la escasa posibilidad de crear un sistema de símbolos –síntoma de la crisis de la autoridad tradicional en Occidente- la necesidad existencial del hombre (o del sujeto creador) buscaría en la contingencia la posibilidad de trascender.
Nada más alejado del despertar un sentido de la vida o de la muerte en el libro de P.P., se apela, por lo general, a algo así como la memoria colectiva del joven de clase media-baja en el Chile de los noventa, los ochenta… 1989-1990.
Es cuestionable –además- su valor literario. Pero qué es eso, también.


41

En algún lugar de esta casa comienza la novela. En una ventana, en la habitación de un niño, con el sueño de un niño. Como en la ficción de Eduardo Barrios que describe –a través del enamoramiento de un niño demasiado adulto- el quiebre de la plácida imagen de la infancia que lo conduce a la muerte. Así, la novela comienza con la muerte del protagonista, en algún lugar de esta casa. O, antes, como era mi intención escribir, cuando los ruidos a medianoche lo despiertan y una mezcla de curiosidad infantil y fatalidad le obligan a mirar por la ventana, protegido tan solo por sus ojos, los ojos a manera de escudo de juguete, trincheras hechas para ser vencidas. Por un momento la cercanía con la irrealidad del sueño lo disuaden de la verdad de lo que mira. La piedra, el ladrillo, rápido se aleja de la cabeza del cuerpo tirado en el suelo. Al despertar, la lluvia cubre la ciudad. Un aluvión barrió con toda evidencia del cuerpo muerto, arrastrado hasta el mar. Después el mismo mar desaparece. La catástrofe, de alguna manera, salvó a la ciudad de aquella injuria. Desde entonces, todo comienza a morir. Cristóbal o Agustín, el niño refugiado tras los ojos, ha estado muerto toda la novela.
La novela que comienza en algún lugar de esta casa tratará de encontrar lo inexpugnable en la mirada de los niños.


42

La abuela, que es a la vez la mamá, y su hija en la pieza del nieto que juega en el patio. Tal vez piensen que me parezco a él. Me siento sospechoso de escribir.


43

Me quedo más callado de lo que acostumbro. No puedo conciliar el sueño, entonces escribo para aburrirme lo suficiente y que los párpados pesen. Pienso en el fracaso de estos apuntes, tan alejados de su propósito (sorprenderte), de su formato (la carta de amor) y de lo que pretenden (la novela).


44

Podrían, por otro lado, significar el trabajo de una vida, de mi vida y de “mi” muerte; no hay exageración en estas palabras.


45

Ahora miro al oeste y hacia abajo.


46

Existe por supuesto un abismo entre la carta que lees y las palabras que escribo. Un abismo. Mil trescientos kilómetros. La inconmensurable ligereza del desierto. O un tiempo parecido al gesto imperceptible de las plantas al crecer.


47

Ayer, por la tarde, espío a mi mamá y a mi sobrino por la ventana, desde el patio.
Ella intenta leerle un cuento. Sé que él ama esa situación: el calor, la cercanía, la voz que se va cansando y volviéndose más baja y suave, acurrucarse allí. Leer no es importante. Leer, para él, sucede en el oído y, sobre todo, sucede en su cuerpo; se hace consciente de sus dimensiones, de su lugar en la cama al lado de la mamá.
Ninguno de mis padres me leyó alguna vez un cuento antes de dormir, pero lo entiendo a Daniel.


48

Estamos toda la mañana con Daniel jugando Xbox. Más bien, lo miro asesinar endriagos, destrozar los cuerpos de sus enemigos.
Por la tarde dibujamos en el patio. Yo dibujo un elefante para que él coloree. Inmediatamente insiste en que trace una X sobre el ojo visible del elefante: es para indicar que está muerto, anuncia.
Luego me pide que dibuje una explosión. Trazo los límites de una casa, de una casa cualquiera, de esta casa por ejemplo. Y el fuego desbordando las ventanas. Me doy cuenta de que he provocado un incendio. A él no le importa. Se esmera en dibujar un hombre tirado en el suelo, sangrante, con unas equis por ojos.


49

La X soluciona todo el problema de la representación de la muerte.


50

Fantaseo con nuestro reencuentro. Es como si me hubieras estado esperando hace mucho. Conversamos toda la tarde hasta la noche, luego salimos a comer. Entramos al único lugar que encontramos. Nosotros y ciertos turistas preparados para un safari. Nadie más, las calles están desiertas. Te cuento sobre los hombres del lugar de donde vengo, cómo uno de ellos vendió la casa que heredó de su abuela para gastarse toda la plata en prostitutas y alcohol; o las extravagantes formas de manifestar cariño de esos hombres: aparte los golpes, el incremento de las pulgadas de los televisores cada navidad, tener que emborracharse para encontrar un sitio a tu lado (pero como ese espacio es huidizo, se hacen necesarias más y más cantidades de alcohol).
El resto del tiempo es de una brutalidad sin matices:
Mi padre huye de los besos de Daniel.
Daniel sabe que los besos son un castigo.
Mi hermano huye de todo para encontrarse y encontrarme de paso.
Yo me escapo.
Mi madre permanece allí, sin comprender, cuestionando esa manera de vivir, pero con el corazón sano, con la mente sana, consciente de su cuerpo y de su espacio.
Te digo entonces: las mujeres del lugar de donde vengo son todo lo que yo quisiera ser alguna vez.


51

El relato del monstruo está enmarcado por el relato de Víctor Frankenstein ("I beheld the wretch –the miserable monster whom I had created"), es Víctor el que habla por el monstruo, creeríamos. Pero el relato de Frankenstein, a su vez, está enmarcado por el relato de Robert Walton ("Our affectionate brother"), quien transcribe las palabras de Frankenstein una vez que el mundo se ha acabado para él y la vida es una pura venganza. Lo más interesante de esta espesura de voces es, sin embargo, el lector a quien está dirigida: Robert escribe una larga carta a su hermana Margaret. Recordar esto, en medio de las voces de todos esos hombres, es quizás el gesto más significativo de la novela, como lectores, asumimos el lugar de una mujer.


52

¿En nombre de qué monstruo hablaré yo, entonces, hermana?


53

Pienso: la luminosidad de las imágenes debiera pretender opacar la cultura.


54

Abomino de los hombres jóvenes, en edad de tener hijos y cometer asesinatos.


55

Las frases largas, grandilocuentes, el optimismo sin sentido de los novelistas. Confianza absurda en que es posible decir algo que pueda ser vendido más tarde.


56

Anoto mientras duermo: la figura del escritor universal, el pioneer, la imagen del empresario.


57

Mi estadía en Antofagasta. Todo se reduce a esta interioridad y a pequeños momentos de ternura. Los días se tratan de escabullirse entre la gente y encontrar un rincón oscuro donde escribir o una jaula.


58

Pero la imagen del escritor como un tigre enjaulado no pasa de ser una imagen ridícula.


59

Un pájaro se metió por la ventana de la cocina y fue directo a estrellarse con el ventanal. Veo los últimos segundos de su vida, un movimiento nervioso y después comienza a pudrirse.




60

No me he sentido muy bien últimamente. Las cosas están mal, algunos amigos toman partido por los empresarios, por los hombres.
“La vergüenza de ser hombre, ¿hay alguna razón mejor para escribir?”


61

Por la mañana escucho "Satisfy my soul". Ansias de un dios amable.


62

Fantaseo. Nos encontramos en la calle, yo vengo del supermercado, con ropa de casa. No sé qué decirte. Me avergüenzo de los lunares en mi brazo izquierdo.


63

Imagino una situación en la que puedo decirte: me gustaría verte más, participar de tu vida.


64

Un sueño. Nos inventamos una ficción para abandonar la ciudad y ser felices. Almorzamos en la casa de un fascista. Estoy muy enfermo –es parte de mi personaje, aunque realmente estoy enfermo-. Así es que me quedo en la cama mientras los demás parten a perderse en la noche. Es reconfortante el contacto de mi cuerpo afiebrado y las sábanas limpias. Imagino tu presencia al borde de la cama, tu mano en mi frente para controlar que la fiebre no me arrebate del mundo. A ti te preocupa mi presencia en el mundo, lo que es agradable y me permite dormir.


65

Voy varias veces al refrigerador. Pero no quiero nada. Apetito de escribir una novela sobre la transformación constante del deseo, de sus efectos sobre el cuerpo.


66

Hoy, a las 19 horas con 45 minutos, murió Daniel Zamudio. Tenía 24 años.


67

Recuerdo que fue bueno conmigo, que lo quise. ¿Por qué no confesar abiertamente el amor por las personas?


68

En La Tercera –el pasado sábado- publicaron un reportaje con un perfil de los asesinos. De uno de ellos se dejaba entender que era un “homosexual reprimido”.
Ayer –luego de 25 días de agonía- murió Daniel. La muerte, su relato, el crimen, todo obedece a un flagrante desprestigio del amor.


69

Me entero ahora (a las 20 horas con 5 minutos) que, a los 82 años, murió Adrienne Rich.


70

“This is the oppressor’s language
yet I need it to talk to you”.


71

The goat. Mejores tiempos, cuando el paso de un tren podía salvarte de la policía y conducirte al amor.


72

“Tengo antecedentes de ciertas formas de vida que si se supieran…”
“Al parecer hay una visión romántica respecto de lo que podría ser la tolerancia hacia los homosexuales”.
“En el caso del joven Zamudio, por ejemplo, la propia familia lo había echado de su casa, el muchacho estaba en un estado etílico espantoso”.
03-04-2012


73

La arrogancia. Amar una imagen inalcanzable. Esa conciencia nos obliga a proyectar una imagen de nosotros mismos que sea lo suficientemente atractiva como para ser también inalcanzable.


74

Almorzamos los cuatro –mi padre escarba la tierra esperanzado en encontrar algo, la silla de la hermana ahora la ocupa Daniel-. No es importante la comida –digamos que es solo pan-. Es difícil comenzar una conversación cualquiera, aunque solo hayamos hablado de cosas sin importancia en nuestras vidas. Así es que todo se reduce a alguna inútil prueba de fuerzas entre mi hermano y yo por la descarada falta de educación del sobrino que come con las manos, desparramando la comida por el suelo. El comedor es una pequeña plaza entre la cocina y la televisión
La mamá manifiesta, como siempre, un cansancio sincero por nuestra actitud y habla de la responsabilidad de los hombres.
Afuera los vecinos, impregnados de espíritu navideño, beben desde anoche en los jardines de la cuadra.


75

Por la tarde veo a mis abuelos. Pedro está muy delgado y me cuenta sobre su aburrimiento, se jubiló tarde –hace tan solo dos años-. Pedro antes era una roca, un hombre fuertísimo que supo sacar adelante a dos familias al mismo tiempo, con una discreción impecable.
María atraviesa el patio como un fantasma sonriente. Desde que quedó sorda, decidió también quedarse muda. Ahora ambos viven en la casa del lado, pensando por las tardes qué deberían comer la mañana siguiente.


76

Estoy en el aeropuerto: campos minados, estrictas prohibiciones de tomar fotografías, militares, trabajadores volviendo a sus casas en el sur. Poco antes: Pedro desliza diez mil pesos en mis bolsillos. Por la espalda alguien toca mi hombro. Es la presencia silenciosa de mi abuela, me abraza y me habla al oído. Su secreto es hermoso.


77

Final de la desaparición. Anales.
Se enumeran las tragedias y eventos dichosos que envuelven a la comunidad durante los años felices. Termina.
2001. Desaparece el mar.


78

Me dice príncipe, mi amor salvaje, para contarme los últimos sucesos. Yo contesto el e-mail, aproximadamente, con estas palabras:
“Creo que si lo vuelvo a ver lo abrazaría como si no me quedara más que despedirme”.
No responde. A partir de esto, este diario debiera cambiar totalmente.


79

¿Qué vergüenza es esa que impide ser frente a los otros?


80

Vino P., –trípode y cámara en mano- hablamos del proyecto: pensar en el arco imaginario entre Jean Rouche y Eduardo Coutinho. Pensar en el arco que se dibuja entre Crónica de un verano y Jogo de cena. Pensar en el arco entre la representación como ilusión de realidad y la realidad como conciencia de la representación.
Luego: tú y P., hablan, consolidan su amistad o qué sé yo. Esos son momentos a los que no puedo acceder.


81

Hemos pensado en unas entrevistas. El único requisito para los entrevistados es no dejar de mirar a la cámara. Por ningún motivo dejar de mirar a la cámara, so pena de muerte.


82

El sábado vimos su trabajo de los secretos: convocatoria – secretos anónimos – proyección de estos por una banda automática – Providencia con Eliodoro Yáñez y los transeúntes riendo de las estupideces que otras personas guardan para sí mismas. En el video aparece X, concentrada en leer los secretos.
¿Es medible la presencia de nuestros seres queridos en las imágenes que proyectamos?


83

Es poco lo que recuerdo de esa época. Flachazos de risas, de peleas, rostros grises. Todos confundidos en un tiempo improbable: Chris, Javi, Rodri tomando té con Graham Greene.


84

Solo nos importaba el amor en nuestra lucha por ser nosotros mismos.


85

Por ahora me niego a pasar en limpio estos apuntes. Quiero ver hasta dónde llega esta escritura, qué desborda, qué contamina, de qué se inunda. Dejar que los proyectos se dispersen y cambien sea quizás la única honestidad de una escritura.


86

La pregunta que dio comienzo a esta investigación es P. Yo, a su espalda, llevo registro de nuestras reuniones. Quizás el proyecto consista solo en esto: el mero registro de su persona.


87

¿Pero, mono, qué es eso de la honestidad de una escritura?


88

En la micro. Leyendo algunos poemas de Rodrigo. Me asalta de pronto la angustia de comenzar con las filmaciones hoy, montar mañana.
Una idea: repartir Compost. Decir: yo te he contado mi historia, ahora tú cuéntame la tuya.


89

Mientras dice que quiere reanudar su vida con X (donde X representa al objeto amado), se encuentra con Y. O está con X mientras ve a Z, V, W. A su vez V, W y Z pretenden o creen ser X (donde X representa la dispersión del objeto). Sin embargo, ella misma es X. La X es igual a Ulises.


90

Y mi propio placer, ¿dónde, en todo esto, cabe mi placer?


91

Dinamitar mi cómoda existencia en el mundo.


92

Vanos intentos de cambiar la grasa y el petróleo.


93

Darnos permiso para ser superficiales.


94

"A solas el día parece más largo". Saco esta frase del libro.


95

He tenido que ir al dentista para superar mis problemas de sueño y de conciencia. La asistente, mientras me pasa la factura, pregunta qué hago para ganarme la vida. Le digo que estudié literatura. Habla entonces de ciertos escritores que no he leído. No digo nada y parto mientras me dice que quizás podamos seguir hablando en la próxima sesión.
Abomino de su cercanía, de la manera en que me acaricia la mano cuando el doctor administra la anestesia.


96

De pronto me descubro siendo despiadado.


97

Esta vez me acaricia la frente y es bueno.


98

Quieren sacar la palabra dictadura de los textos escolares.


99

Estoy nervioso, la cámara tiembla y la imagen –poco a poco- se vuelve difusa.


100

La banalidad de mi vida en Santiago. Es difícil dar un sentido de esperanza a todo esto. ¿A quién escribo?
Mientras, los electrodomésticos clausuran el silencio.


101

Se yerguen las nuevas torres del comercio. Se aniquilan los espacios públicos y los bosques arden.


102

La luz del sol –exactamente a las 7:55 AM- proyecta la figura de unos árboles en el ventanal. Lo demás es una ausencia preocupante de luz en esta casa desgraciada en la que nos encontramos. Tú continúas tu sueño por unas horas más, admiro esa capacidad tuya para dormir en situaciones adversas. Hay un calor inmenso, sofocante aquí dentro. Las cortinas se mueven con un urgente deseo de acabar con la casa.


103

Una pavada como esta: las posibilidades estratégicas de la presentación de sí definen las relaciones de poder.
Entonces, dos cámaras, una en mi rostro, la otra en el rostro de P.


104

Hoy creo que he terminado un poema de Yoko que me ha costado más tiempo de lo necesario.
Esa escritura de años es inmensamente ridícula frente a la fluidez de este diario.


105

Yoko, la escritura de los hombres.


106

Y era mentira lo del poema.


107

Rodrigo me escribe desde el río Puelo. Me cuenta de su viaje a la montaña junto a J. También que nos han extrañado y pregunta por nuestra casa en Buenos Aires. Le cuento que todavía no llegamos, recién mañana viajaremos, en bus, por largas horas a través de las montañas.
Concluyo: “No me he sentido muy bien últimamente. Tengo una crisis existencial por ahora, aburrimiento, spleen, vacío sincero. Debo pensar largamente en mí”.
Todo como si  fuera lícito ser honesto con alguien.


108

En un vagón del metro nos despedimos de C., y tú lloras. Prácticamente hemos vivido juntos las últimas dos semanas y ha sido bueno.


109

Incontables hogares en las esquinas. Por la noche diluvia y los hogares se destruyen.


110

Soñé con una ciudad inclinada. Ahí estaba yo sobre la azotea de un edificio altísimo. Hermosos caballos habitaban los departamentos de la ciudad.


111

Encuentro en mi largo regreso a la casa, La oscura vida radiante, un libro en medio de otros tantos libros destinados a cruzarse en mi camino. En las últimas páginas leo la historia de Daniel Vásquez, el poeta anarquista, encarcelado por subversivo, vuelto loco a punta de torturas y muerto en su celda como solo un dictador envejecido debe morir en su celda. Daniel Vásquez es en verdad José Domingo Gómez Rojas, fallecido el 29 de septiembre de 1920 en la casa de Orates por una meningitis no diagnosticada a tiempo. Otras versiones dicen que murió en medio de las botas ensangrentadas de los gendarmes en la Penitenciaría de Santiago. La cuestión es que apenas tenía 24 años.
En medio de una guerra inventada por el Presidente Sanfuentes para impedir la elección de Alessandri, ese año de 1920, Gómez Rojas, joven estudiante de Derecho y Pedagogía, fue apresado después del asalto a la Federación de Estudiantes de Santiago y acusado de antipatriota por oponerse a la guerra con Perú.
En La oscura vida radiante Gómez Rojas se llama Daniel Vásquez, seudónimo con el que firmó un par de poemas, pero el Ministro José Astorquiza Líbano conserva su nombre. El Ministro Astorquiza condenó a Gómez Rojas por “vendido al oro peruano” y –por encender un cigarrillo en su presencia- lo mandó a la cárcel bajo completa incomunicación. Encerrado allí, sin contacto con el mundo, en la oscuridad de la justicia chilena, perdió la razón y luego la vida. El día de su entierro, Alessandri fue declarado vencedor de las elecciones presidenciales y la tristeza se extendió un milímetro más sobre la historia de Chile.


112

Gómez Rojas escribió en la cárcel:
“27 de agosto, 1920. Hoy empiezo a conocer ‘La dicha de no pedir nada a nadie’.
 A nadie, estando en la cárcel, se le ha ocurrido traerme un texto de estudio, un libro, una gramática, ¡unos apuntes siquiera! Problema, ¿qué es más útil: una aguja o una carretilla de hilo?”


113

José Ricardo Ahumada Vásquez murió asesinado mientras marchaba por el frontis del edificio de la Democracia Cristiana el 27 de abril de 1973 en Santiago de Chile. La bala fue disparada desde los balcones del alto edificio y el obrero Ricardo Ahumada llevaba un libro en la mano, no un arma, sino un libro. Juan Pablo Jiménez murió de un disparo en la cabeza el 21 de febrero de 2013 en dependencias de la empresa Azeta, era presidente del Sindicato N°1 de trabajadores. Llevaba en sus manos un montón de documentos relacionados con su actividad sindical, al día siguiente tenía una audiencia para denunciar abusos laborales.


114

Gómez Rojas pidió un libro para sobrellevar su tiempo en la cárcel y murió quizás sin llegar a tocar otro más que el libro que estaba escribiendo, Ricardo Ahumada llevaba un libro en su bolsillo cuando le dispararon desde el edificio de la DC y Juan Pablo Jiménez un montón de hojas. ¿Qué cargaremos, amigas, en el momento de nuestra muerte?


115

Comienzo a escribir: llegué a los 30 años entristecido y mutilado, sin más esperanza que la de una muerte justa…


116

Cada vez que creo sanarme de alguna alergia, aparece otra: pequeños corpúsculos en la espalda, en los dedos. A veces, las mismas alergias que creía superadas vuelven atenuadas o más fuertes. Este año: una inmensa incomodidad en la mollera, un emblandecimiento.


117

Ayer, tras largas horas frente al computador, conseguí una horrenda irritación del ojo derecho.
Recordé una vez que leía a oscuras y Rodrigo me sorprendió en mi secreto: enciende la luz y me reta, suavizado su cuerpo.


118

“Si hubiésemos mandado el cubrecamas a la lavandería, si hubiésemos comprado un colchón nuevo, quizás todavía estaríamos juntas”.
Una historia de amor; de los objetos que permiten amarnos.


119

Encuentro en un cuaderno antiguo la siguiente anotación:
“Cada vez más violento, sin razón alguna. Por un lado, a medida que pierdo a mis amigos, me esfuerzo por conseguir otros. Si lo logro, pierdo el seso, les encaro una falta imaginaria, los condeno”.
El resto son garabatos acerca de mi enfermedad. La verdad es que andaba bien puesto entonces.


120

Almorzamos junto a P. Hablamos largo sobre ella. Está constantemente ahogada, con ganas de decir algo que aún no piensa, o algo que de tan dicho pudiera parecernos innecesario escuchar: “me gustaba que me quisiera”.


121

Escribir sobre una imagen. Encontrar una imagen y comenzar por ella. Escribir sobre una imagen –sobre su corazón, por ejemplo.
¿Qué podríamos escribir sobre su corazón?
“Y su último acto de amor fue abandonarme”
O
“That’s the woman of my dreams. That’s who is. And she’s mine. She’s all mine. Forever”
Una imagen para cuando vivamos juntos.


122

La dimensión agregada. Una imagen que habitar. Una tienda en medio de la playa.


123

La imagen de su corazón es una escritura incomprensible. Una escritura sin código.


124

Es el mismo amor, solo que dividido en dos.
Ese amor es –sin embargo- una imagen inalcanzable y por tanto, es toda mía.


125

Decido tras nuestra reunión cambiar el título al libro por una promesa: Para cuando vivamos juntos.


126

La cámara comienza con planos bastante cerrados. Hacia el final el plano es amplísimo, como aquel de la fila por el pan en The goat de Buster Keaton.
Todo es muy luminoso. Es muy temprano.


127

Matar definitivamente ese cuerpo que permanece como una dimensión añadida a las cosas que amamos, los objetos que presenciaron nuestro amor.
Nos amamos a través de las cosas, de los productos que consumimos. Queda entonces un montón de restos, un montón de basura a la mañana siguiente:
Este es el vaso que recibió tu boca, la ropa que cubrió tu cuerpo, las sábanas que conservan –con una desagradable persistencia- tu olor. Esta es la casa –el territorio en el que puedo reconstruir tus pasos: la manera en que ocupas el balcón, arrebatada de luz, para volver a ese ámbito excesivo al que perteneces.


128

Son las nueve de la mañana y el sol lucha con las nubes por imponerse. Yo sufro los destellos de su lucha desde mi mesa, apretado contra los muros.


129

Sin embargo, es un sol débil, enfermo: preciso para dejar de vivir.


130

Leo en el libro de Guajardo:
“el suelo está lleno de cientos de tortugas
que se mueven con absoluta parsimonia en direcciones
ambiguas e inverosímiles”
Inmediatamente recuerdo haber soñado con una tortuga herida sobre el cuello. De su herida salía baba. Era la baba de dios.




131

Anoche, hablamos largo con P., sobre nuestras vidas, sobre cómo las vidas se trizaron.
La imagen de un corazón roto.


132

He encontrado una imagen: una pequeñísima cuadrícula de 5 milímetros cuadrados. En medio, una línea surca de cabo a cabo ese territorio abstracto.
Su trazo es un enigma, la posibilidad en sí misma.
Yo quiero imaginar que es el fotograma de la película sobre una playa en el desierto de Atacama. Y en medio de esa playa, hay una carpa, nada más.
Encontramos esa imagen: la imagen del mar extendido hasta perderse de vista.


133

Nuestro hogar aquí ya no existe, solo permanece la imagen de nosotros frente a la cámara.
De fondo, la cordillera, la inmensidad del mar, marcan los límites de nuestro amor.


134

Este es el punto donde comienza nuestra historia. Este otro punto representa el fin.
El segmento en medio es nuestra vida juntos:
La imagen de una playa desierta, 24 fotogramas de una película perdida.


135

¿Desidentificarse para retomar los modelos de lo constituido? No imponer modos de ser.


136

La crítica como la forma más arrogante, el crítico como un moralista. Asco sin duda frente a quien me dice qué leer, frente a quien dicta subjetividades, quien me dice cómo vivir.


137

Por esto no a la crítica, forma mezquina cuando es arrogante, pero si quiere leer, ir allí donde la imagen se forja, la creencia cristaliza, cuando hiere el modo que pensamos correcto de conocer el mundo, sí.
Una crítica que es búsqueda del otro, una crítica como autosuperación.


138

El sol se levanta y el paisaje se abre. Despertamos.


139

¿Comienza o termina un laberinto?


140

El reto de mirar las cosas y no ver el rostro de Cristo.


141

¿Qué quiero decir? La crítica (no a esa crítica) tiene una paranoia por el sentido, cuando interpreta se esfuerza en encontrar un sentido que quizás haya que aceptar como inexistente.


142

Una crítica que es búsqueda del otro / o intenta rondar la pregunta que alienta la segunda parte de La preparación de la novela: ¿Cómo comprender / identificarse con / el deseo del otro?


143

Un café frente a la Galería Litoral.
Un grupo de muchachas argentinas reflexiona sobre porqué la comida italiana es para ellas simplemente comida. Otro grupo se va porque no venden medialunas, mientras dos porteños me preguntan sobre el resultado de River-Boca. La vida transcurre lenta pero estruendosa en La Paz.


144

La Galería Litoral, como muchos otros lugares, reproduce una fotografía del puerto de Antofagasta poco antes de la usurpación. Los chilenos pasan murmurando pequeñas guerras silenciosas.


145

Devenir otro como un proceso que nunca se cumple o, en otras palabras, que se cumple en su propia fugacidad pues la plenitud de la identificación no es de su incumbencia, sino la transformación constante.


146

En su volverse a sí, al personaje le es vedado recordar o ficcionar, “escribir para construir este recuerdo”, solo puede conjeturar, exponiendo, a cada momento, el carácter especulativo de lo que se quiere como recuerdo.
O, quizás, el personaje no recuerda pues tal cosa no existe, sino una pura disposición de hechos o acciones sucesivas y simultáneas.
¿Cómo hacer de lo sucesivo simultáneo?
¿Cómo hacer de lo escrito imagen?


147

La imagen que falta, el espacio vacío.
No significa que lo que no está pueda aparecer por una relación negativa con lo que está, no es que lo que aparece haga aparecer lo que falta por metonimia. Más bien, habría algo así como una construcción paradójica sostenida por la que lo que falta va apareciendo: su único modo de aparecer es el vacío, la ausencia; cuestión que dice del problema de la imagen que toda representación de este tipo es aporética, una pura ausencia de caminos.
La imagen ausente es la imagen del origen, la imagen originaria y originante, la imagen del Big Bang.


148

Y en el principio fue la onomatopeya.


149

Twilight para intelectuales.


150

Siento que te rompí el corazón, fácil, con un par de palabras y listo. No sé si es la facilidad o el hecho de haberte decepcionado lo que me rompe el corazón a mí.


151

Holderlin.
"Sal, hombre, ve al vasto mundo, si tu corazón está carcomido por el tormento. Nada es tan sombrío en la noche que la mañana no lo pueda remediar".


152

"...palabras-claves de las cuales sentimos que no han entrado aún en el lenguaje convencional, sino que, por el contrario, ejercen sobre el propio poeta una fascinación sin cansancio".
¿Qué palabras ejercen esa fascinación para mí?
La palabra "galanga".


153

Pick-up line: "Adoptemos un hijo".


154

La huelga devuelve al trabajador la condición de ciudadano.


155

Y vienen, amor, a buscar la arena de tus manos para hacer relojes.


156

La perspectiva de un árbol del paso del tiempo. Nada tendrá que ver con la mirada tras la cual se piensa el sujeto moderno. Debe ser una mirada multisensorial, simultánea.
Escribir sobre esto como el motivo de una vida.


157

Chris me envía un poema bellísimo sobre una manguera azul tirada en el pasillo del patio de su casa. De pronto esa manguera se convierte en una serpiente azul, una serpiente en la que se cree con la fe de una sacerdotisa "que besa a la cobra en la frente / para que llueva, para que dios bendiga nuestra casa".


158

Las escucho hablar de sus hijos futuros, de la adopción y la militancia. Hemos comido juntos esta tarde. Ahora P., está recostada sobre tus piernas y tú acaricias su cabeza mientras se entrega a un sueño amable.


159

Un libro no comienza, no termina, a lo sumo finge comenzar y terminar.


160

1. Elegir un texto.
2. Pensar.
3. Anotar, no corregir, sobreescribir.
4. Reformular por acumulación. Práctica de la escritura.


161

Un solitario como yo -diría Hawthorne- o un prisionero que mida el tiempo -tu ausencia- por el progreso de la luz en su celda.


162

Soñé que mi madre me servía de comer un trozo de carne grueso y grasoso, humeante. Esto representa para mí la repulsión más grande.
Horror. Dejar de comer animales para encontrarme con este rencor, esta repulsión profunda que le tengo.




163

“Dirigirse hacia un cine social, significa, pues, proveer al cine de un tema que suscite interés, de un tema que coma carne”. A propósito de Niza. Jean Vigo.


164

Una narrativa despojada de toda descripción, pura acción, acción pura de un personaje enfrentado a la experiencia de la humillación.


165

“Por su emoción nutrida, compacta, este es el libro más extenso de los que llevo escritos. Entre línea y línea he puesto quince minutos de meditación”. Alberto Hidalgo. Descripción del cielo.


166

Dos sentimientos que me interesan: humillación y despojo.
La humillación como modalidad de experiencia fundamental del mundo. El despojo como rotura y alternatividad.


167

Hay manera de morir que no mata lo bastante.


168

Soñé que entrabas a la pieza donde he estado escribiendo por días, borradores del poema de mi vida, el suelo está lleno de hojas rasgadas, poemas sobre mí mismo que dificultan tu paso.


169

Quizás esta pueda parecer otra muestra innecesaria de intimidad, puro exhibicionismo, pero no es lo íntimo aquello que me interesa, es lo interior.


170

Pensando en vestir un alzacuellos para presumir de interioridad.


171

La desaparición.
El narrador cuenta un pasado que ya sabemos no existe más, se sitúa luego de la catástrofe.
El relato es de juegos entre niños, una literatura infantil.
Todo encabezado por un informe sobre el desastre.


172

De pronto me descubro siendo despiadado. Solo quiere un poco de atención, un beso, que la abrace o la escuche, yo lo sé perfectamente, aun así, elijo quedarme sentado practicando el sport de los vocablos. Hay una secreta fascinación en ese juego por el cual me construyo como un intelectual flácido e impotente y, a ella, como objeto de la necesidad de afecto.
Ahora juego a lo mismo mientras escribo, esta vez en serio, solo.


173

Existen frases densas, densas y profundas, dolorosas: “No tener la foto de la familia es como no formar parte de la historia de la humanidad”; otras frases pesadas, de bronce esculpidas en los mausoleos de la memoria: “Un país que no tiene cine documental es como una familia sin álbum de fotografías”. Denso y pesado parece ser el estatuto de las imágenes que median entre nosotros y eso que llamamos historia.


174

Para conocer el pasado, sin duda, es necesario conocer su imagen.


175

¿Existe alguna relación plausible entre el sincronismo que supone el “grado cero” del realismo y las estructuras de semejanza en las imágenes arquetípicas de Maya Deren?
¿Podría decirse que el cine poético de Deren se nutre de la preconcepción de un realismo sincrónico del “grado cero”?


176

Ismael Xavier sobre Maya Deren.
“…a su ataque lo denomino ataque vertical. Ese ataque es más fácil de entender si lo contrastamos con el ‘ataque horizontal’ característico del drama, que está dirigido al desarrollo, en una situación sencilla, que va de un sentimiento al siguiente”.


177

El “grado cero” del realismo: el ser humano frente a la cámara.


178

El ataque vertical, poético, de Deren frente a las “microacciones” de Ruiz, ambos resultan de pequeños estallidos en la ilusión del sentido único, del origen.


179

Visión periférica.
En un mundo donde la colaboración se hace de la suma de proyectos personales, el decir del artista, del intelectual, está circunscrito entre dos enunciados límite: el silenciamiento del sujeto crítico y la carencia de financiamiento.
Por supuesto reduzco las cosas: el poeta es mezquino y se queja. Pero hemos construido toda una literatura desde la queja (no desde la denuncia, desde la queja), las carencias económicas y de espíritu, problemas que solo se solucionan hablando, compartiendo conocimientos, enseñando y aprendiendo, en suma, colaborando. Por supuesto, encontrando momentos de soledad. La lucha –la queja- es contra el aislamiento.


180

Frente a la concatenación de microacciones que dispersan la dirección única, el sentido, el ataque vertical escabulle la cronología por la búsqueda del centelleo de las semejanzas que actualizan imágenes arquetípicas. El origen aparece y colma el gesto del cuerpo del bailarín.


181

"In the wrong side of Sunday morning". La certeza de que nunca más voy a hacer algo bello es devastadora. Toda la vida pierde sentido.


182

Esta historia la están contando otros –o ya la contaron- en las paredes de esta ciudad destruida.


183

Escribir la segunda parte de Compost, otras escenas de la amistad y el aislamiento, el aspecto negativo y luminoso de ser amigos, con C., por ejemplo. También el simulacro de la amistad en el alcohol.


184

Es un día cualquiera, estamos en un restorán, luego de una tarde amable de verano, C., me dice: “Es como si hubiera nacido en el lugar donde estamos sentados”.


185

Recuerdo a mi padre afeitándose en el patio, con un pequeño espejo en una mano y la cuchilla en la otra, cuidadosamente deslizándola por el cuello, debajo de la nariz y esos pequeños pliegues que –ahora sé- suponen una dificultad más grande. Luego con la manguera azul lavarse la cabeza, el rostro –porque un rostro no es sola cara o caracho solo-. Amé a mi padre ese día.


186

“Only the night before my decision to live loving, I had been degraded, insulted, and made mournful by this dream”: Mi padre ha muerto…


187

Tal vez piense: ¿Qué soy? ¿Qué puedo ser, despojado de esta naturaleza impuesta?


188

Cuando desperté el otoño había llegado. Tengo la sensación de que dormí todo el verano y todas las cosas que tengo que hacer están acumuladas en el escritorio.


189

El sol me roza la cara y un placer conocido estremece el cuerpo.


190

En primer lugar, ¿qué sentido tiene el brazo?, ¿el hueso cúbito, el radio, el puño, cada uno de los dedos de estas manos?, ¿la infinitud de poros e incontables cavidades, la piel que envuelve hueso y músculo?
¿Qué sentido tiene el calor que escapa del cuerpo mientras sueña?


191

Si todos los caminos están abiertos y disponibles, las ideas de destino o desvío pierden pertinencia.


192

Así como los libros para Mallarmé, las ciudades no comienzan ni terminan, a lo sumo fingen comenzar y terminar.


193

La vida nos acostumbra a un conjunto exasperante de frivolidades, a anhelar, por ejemplo, una imagen inalcanzable, mientras el cuerpo se queda tirado en sillas y sillones, al volante de algún vehículo o perdido entre las páginas de un libro.


194

Testimonios de la operación Cóndor.
Es, para nosotros, obvio que la relación entre una fotografía y su referente no es transparente.
Primera impresión: un uso pobre, ingenuo de la imagen. El uso de las imágenes de archivo en Pedro Chaskel está fundado en la confianza en la foto como prueba de facticidad. El sentido determinante de estas imágenes estaría en el decir que lo representado ocurrió, por lo tanto, la verdad de la fotografía es innegable.
¿Por qué, si todos tenemos este saber sobre las imágenes, se decidió en la película volver sobre este uso sin ponerlo en duda, sin desestabilizarlo?
Participarían tales imágenes de una especial construcción del tiempo: lo imprescriptible. La atemporalidad jurídica que hace al criminal contemporáneo de su crimen hasta el momento de su muerte.
Lo imprescriptible inaugura además la identidad entre testigo y víctima. En la figura del sobreviviente la autoridad del testigo se refuerza con la cualidad de víctima: la experiencia narrada del sobreviviente es, asimismo, innegable.
El registro del testimonio innegable del sobreviviente a través de la fotografía convierte al espectador en un testigo del testigo, en un “vicarious witness”.


195

Escapes de gas y el edificio de la UNCTAD III.
Esfuerzo por dar cuenta de un vaciamiento de los objetos artísticos. De aquellos objetos fundidos con sus funciones no queda más que sus imágenes (ejemplar en este caso es la chimenea roja del escultor Félix Maruenda vuelta una miniatura mientras la estructura de fierro ha perdido todo uso, se convierte en desecho). De aquí, cierta pesadumbre.
Mejor, pensar de otro modo.
En su estado actual, aquellos objetos vueltos imágenes no necesitan más que ser exhibidos.
Como imágenes, por tanto, pertenecen a un régimen de exhibición que reorganiza la historia en virtud de hacerla accesible, citable, legible, visible, filmable. He allí la gran efectividad de la operación histórica del neoliberalismo: la transparencia de un pasado cancelado en la homogeneidad del patrimonio cultural.
En su grado máximo de exhibición (miniatura de la chimenea de Maruenda), esas imágenes, esos objetos, se abren a modos de producción inauditos para el arte en la institucionalidad contemporánea.


196

En un episodio de Solo un punto, novela del narrador peruano Julio Meza Díaz, un personaje resulta muerto a puntapiés.
El Andino Profundo es uno de los parias de un colegio regido por los más largos brazos del fascismo europeo en medio de una Lima noventera en la que todos pueden ser acusados de cholos y, por lo tanto, de terroristas. El Andino Profundo es golpeado hasta la muerte por ser cholo.


197

“Las animaciones, hechas a mano o generadas por computadora, recurren con frecuencia a perspectivas complicadas o directamente imposibles para una cámara de cine: por ejemplo, la vista de una bala disparada desde un revólver. Así, los dibujos animados reclaman una ubicuidad del punto de vista que el cine, su competidor, no posee, lo que colabora con la retórica de la exageración de las animaciones. Las animaciones o películas de dibujos animados son un género que no puede reproducir verdaderamente la muerte, ya que en ellas todo es reversible”. Farocki.


198

Por supuesto, el Andino Profundo resucita sobre la camilla de la enfermería del colegio, una vez que su muerte ha sido confirmada.


199

“Los personajes del cine mudo son básicamente como los personajes de los dibujos animados: no conocen la muerte, ni siquiera conocen la sexualidad, ignoran el sufrimiento (…) como  los gatos y los ratones en los dibujos animados que al ser despedazados se regeneran. Aquí no existe la finitud o la mortalidad”. Zizek.


200

Un mundo de caricatura, que no pareciera tener consecuencias, en el que la muerte no existe. ¿Acaso ese hecho no lo hace un mundo más eficaz para retratar una historia de abuso y violencia? Pues, al no existir consecuencias, la manera propia de ser es a través de la violencia: la subjetivación es violencia. ¿No parece, acaso, ese mundo en el que la muerte no existe, más horrible y más fiel?
Solo un punto es el nombre de una revista que el Andino Profundo y el Amigo Talentoso, frente a este clima de violencia naturalizada, deciden editar en venganza de los opresores. En algún sentido es una venganza profundamente luctuosa, una venganza que para deshacerse de la violencia debe restablecer la muerte, afrontar las consecuencias es el precio a pagar para atreverse a ser libres.


201

“En la nota que añadió a la publicación de América, Max Brod dice que algunos pasajes del libro de Kafka 'evocan irresistiblemente a Chaplin'. Sería más bien en Buster Keaton, y no en Chaplin (…) donde habría que buscar una visión del mundo que se acercara al mundo inhumano de Kafka por su carácter de rigor absoluto, de actividad geométrica. En Chaplin, la soledad, incluso si se traduce espacialmente con las célebres imágenes de El Circo o de La quimera del oro, no es más que la del hombre en una sociedad indiferente, mientras que en Buster Keaton el aislamiento de los seres y los objetos aparece como constitutivo de la naturaleza misma del espacio: aislamiento expresado en particular por el tema del movimiento de ida y vuelta –al estar como ‘remitido’ continuamente a sí mismo-, por las caídas brutales, los aplastamientos contra el suelo, por el ‘asimiento’ torpe de objetos que se escurren o se rompen, como si el mundo exterior fuera por su propia esencia poco apto para ser ‘asido’”. Rohmer.


202

Montaje.
Una “conciencia” que consiste en rastrear, investigar, ordenar y reordenar materiales ya disponibles.


203

¿Se puede hacer algo más que luchar por la vida?


204

Sostenidos por nuestros brazos y piernas, sobre esta tabla surfeamos la avenida.


205

Una libertad tan grande, la del mundo disponible, la de la dicha de no pedir nada a nadie.


206

“Regreso, departamento vacío; ese momento difícil: la tarde”. Roland Barthes.


207

“Estos dibujos y estas notas (…) van dirigidos a los fumadores, a los enfermos, a los amigos desconocidos que los libros reclutan y que constituyen la única excusa para escribir”.  Cocteau, Opio.


208

Lo ya escrito es trivial en relación con lo que queda por escribir. Toda la cuestión se trata entonces de adelantarse a la muerte.


209

El poema termina con dos puntos, a mitad de frase. Sin punto final, luego de ir desprendiéndose poco a poco de las intenciones de quien escribe.


210

Un libro sobre Margaret / Elizabeth, el monstruo y su relación con las mujeres; mi madre y mi hermana. Un libro que se llame Sis.


211

Expresar el dolor y el amor en palabras simples.
Porque el amor y el dolor son simples.


212

Soñé que volvía a nacer en el cuerpo de mi hermana. Crecí y aprendí a ser como ella. Aprendí de su dolor, de mí mismo.


213

¿Cómo se me acabará la vida? A ratos cierta ansiedad por que llegue el instante de la muerte. La pregunta por el cuándo es irrelevante. Me interesa el “cómo”, su “forma”.
Vivir es construir una estética del momento de la muerte.


214

¿Qué quiero decir sobre mi hermana? Sobre ser madre, ser mujer, ¿qué podría saber yo de eso?
Hasta ahora he escrito el desprecio –un amor vergonzoso-, la semejanza que nos une, el odio a mí mismo. Sobre la madre cierta identificación barthesiana, homosexual.
Yo quiero hablar de la hija muerta, de despertar en el cuerpo de mi hermana, de sentir su dolor, expresarlo en palabras simples (porque amor y dolor son simples).
También quiero hablar de la meditación de la madre, ese ejercicio budista para cuando no puedes sentir nada, para cuando te sientes vacío: intentas recordar ese momento en que tu madre te amó sin reservas, te concentras en él luego, e imaginas que eres la madre del mundo y que el mundo es tu madre.


215

Como una galleta hecha con huevo luego de unos meses de no comer ningún alimento con productos animales. El recuerdo dulce de mi madre me adormece la lengua y aviva el espíritu.


216

Soñé que subíamos por un ascensor interminable mientras hablábamos de la alienación que supone soñar con ascensores, soñar que tenemos que descansar, soñar con dormir.


217

Repulsión y dulzura mezcladas.


218

Una foto antigua.
Caminamos por el Valle, me persuado de tomarte de la cintura, aprisionarte bajo mi brazo, pero me detienes exigiendo tu lugar en el mundo. Me invitas a observar allí, entre montañas de frutos secos, tu imagen.


219

Aceptar el amor que las personas gentilmente quieren entregarme, sin rencor, envidia o arrogancia.


220

Recuerdo esa foto quizás perdida, de niña, vistiendo un traje de baño violeta en el Trocadero. Habrá tenido 4 años, yo quizás 2. Sostiene esa mirada brutal que no comprendo. Imagino que mira la inmensidad del mar mientras la miro, a los niños que juegan en la orilla evitando el agua, advertidos de la basura y los cientos de medusas muertas que de tanto en tanto asolan el litoral. Yo apenas camino o me revuelco en la arena.


221

Los paréntesis, los guiones, como marcas que debieran escapar a mi conciencia, rastros de un fantasma que se entromete en las palabras, impotente, sin embargo, para arrebatarme el cuerpo.


222

Entrar en lo cotidiano implica despertar. Hay novelas que simplemente no despiertan al tránsito del mundo. Esta, por ejemplo, comienza un día domingo, con toda la modorra de los días domingo, y permanece en ese tiempo, sin avanzar, recostada sobre sí misma.


223

Recuerdo. Vamos en busca de unos muebles: una cama para congraciarnos, una mesa, un par de sillas. La abstracción de una casa.


224

El primer día en la casa de P., nos fue arrebatado por la luz. Nos prepararon un desayuno austero. En frente, una anciana tomaba sol sobre la azotea. Hice un comentario y rieron. Entonces fui el cuarto entre ellas.


225

Soñé que tenía la parte alta de la espalda y los hombros a carne viva. Sanaba de una herida antigua y nueva a la vez, la herida del arrojo al mundo, la de la salida constante. Despierto apresurado hacia el espejo: el ardor de abandonarse a la mañana.


226

Una libreta en el velador para cuando despierto, agobiado por el fantasma que ronda el sueño; un cuaderno sobre la mesa ratona para los fines de semana en los que me complazco de mi sola presencia dulce; otras libretas y cuadernos escondidos en los cajones a lo largo y ancho de la casa; listas de recetas que me asaltan encima de la mesada, mientras practico la gastronomía del alma y del cuerpo (para sanar desde dentro, para estirar las raíces); anotaciones sobre la consistencia de las verduras y el fulgor de la fruta; papeles tirados en pasillos de supermercados y farmacias en los que leo mi suerte; la blanca paloma de la hoja rasgada, el mural del cielo; también otras libretas y cuadernos que perdí en lugares a los que ya no soy bienvenido y está esta manta y el chaleco que tejo para protegerme del invierno, miniaturas del tapiz de Gerona en los que anoto la vida.


227

Estuvimos con Javier toda la noche hasta que anocheció otra vez y hablamos hasta no tener más que decir. Antes despertamos y fuimos a la feria un domingo de lluvia para aclarar el rostro y la mente con frutos secos, semillas y champiñones: shitake, portobello, melena de león para no perder la memoria.


228

Le dije: entonces me vi enfrentado al mundo con nada más que mi cuerpo y un montón inútil de libros a la espalda.


229

Quizás sea este el tiempo para abordar el último año de mi vida.


230

Para algunos el poema se termina en un par de versos por los que se basta a sí mismo. Para otros acaba en el punto final, como consecuencia necesaria de la existencia. Para ciertos poetas, el poema termina una vez cerrado el libro. Habrá otro para quien se escriba a lo largo de la vida. Para los menos, el poema nunca comienza; para estos poetas imposibles, el poema consiste en encontrar una manera de comenzar.


231

Le doy a leer estas notas a Christian. “No se puede lastimar a nadie a costo de escribir”. Es incómodo leer estas palabras, amigo, lo es también para mí escribirlas y exponerlas sin consentimiento; como te dije, las personas de las que hablo son también parte de lo que soy o, debiera decir, de la imagen que construyo de mí mismo, para mí. Soy injusto, pero los libros son injustos. Debo negociar cada frase, sin embargo, pensar en el respeto que les debo sin perderlos a ustedes de paso o encontrarme, de pronto, escribiendo, como ha sido siempre, a salvo, arropado mientras regreso.


232

Pocos días que recuerdo en los que fui –ahora pienso- feliz. Esa tarde en Concón cuando bebimos ron, oriné en el patio de la cabaña y robamos una planta luego de ganar algo de dinero en la calle tocando guitarra. Esa otra tarde cuando intentaste demostrar tus habilidades marciales y caíste, la noche que salimos a la calle a gritar por nuestro amor desaparecido en medio del parque Bustamante. O esa vez que bailamos el odio en calzoncillos, la madrugada en la que le arrebatamos un árbol a la tierra y lo metimos a la casa para imaginar la mitología de las raíces. Y también están esos otros momentos que me reservo, no por pudor, sino porque son inexplicables.


233

Y escribí de manera desesperada el libro del despojo, comencé a escribirlo en sueños y, al despertar, ya estaba terminado, como la vida vieja que dormí, plácidamente, por tantos años.


234

Puede ser que todos los proyectos que nos inventamos no vayan a acabar en nada: los trabajos inverosímiles que imaginamos mientras bebemos para capear el frío, las ideas que abarcan el cielo de los planetas habitables, los deseos de habernos conocido de niños para ser, ahora, un par de viejos amigos que se aman y soportan por sobre todas las cosas. Quizás cada uno muera más abandonado que el otro en algún rincón de los extramuros de la patria, pero es bueno perder el tiempo juntos, en frivolidades, en el trabajo, ha sido bueno reencontrarnos.


235

Mi hermana llama y no contesto. Estoy demasiado al filo como para sostener la voz un sábado a media tarde. Me escribe luego por el chat e insiste. Yo me preocupo de mantener el orden de esta casa que usurpo hasta que no puedo ya negarme a leer sus palabras.
Escribe de su dolor en palabras difíciles porque experimentar el dolor es difícil. Sé que ha leído todo esto y me trago el miedo y le hablo. De repente todo se suaviza y estamos juntos como hace mucho. Le propongo que nos veamos en un lugar hipotético a las 6 de la tarde de este invierno u otro y escribe: Sí, tomémonos un té a las 6 de la tarde mientras vemos el atardecer frente al mar y hablemos, porque somos hermanos y solo los hermanos pueden hablar de estas cosas.


236

Le cuento a Javier y me entiende. Nos juntamos luego de unas horas en las que ha tenido que atravesar la ciudad para atajar esta caída sostenida. Tomamos sopa de zapallo y comemos diversas ensaladas verdes. Quiero concluir la noche rodeado por desconocidos para acabar con la ilusión de toda suficiencia que me invento. La mañana es maravillosa. Por supuesto deja de serlo. Recién ahora vuelvo después de quedarme retrasado en incontables esquinas, entre el boliche y la casa.


237

Esta taza
estas botellas estos
vasos.

Este continente vacío.


238

Soñé que estábamos corriendo por la playa con Daniel, el fantasma de la familia y otro niño, un gnomo o dulce duende de barba larga y abundante.
En la arena se escondían pequeños dinosaurios plásticos de diversos colores que Daniel y su amigo recogían como tesoros.
Mi hermano luego de un rato le ordena que deje todos esos animalillos donde los encontró pues ya tiene suficientes juguetes.
El regreso a la casa es triste.
Estamos en una pieza vacía con suelo de madera, concentrados melancólicamente en la luz del sol que golpea las tablas y descubre la cremosidad del polvo en suspensión.
De pronto, por la ventana trepa el enano barbudo, deja caer de sus manos un caudal de pequeños dinosaurios plásticos que inunda las tablas y sus junturas. Nos miramos con un rostro bello y excesivo, el sol se adueña de nuestros cuerpos, descubrimos que somos parte de esa luz.


239

Recuerdo un sueño que tuve de niño. Estamos con mi hermano en la sala de espera de un consultorio. Ninguno está enfermo, pero esperamos sentados en esas ásperas sillas color vino. Al frente la sala de examen, a la izquierda hacia el fondo está la puerta de salida que es asaltada por una bruma de luz que entra por el vidrio tras inundar la mañana. Antes, justo al lado de la silla en la que estoy sentado, hay un macetero lleno de tierra seca y brillosa, pero sin vestigios de raíces. Mi hermano escarba esa tierra y encuentra una moneda fulgurosa como el sol de su rostro, corre hacia la calle por el pasillo y se funde con la bruma. Desesperado escarbo entonces la tierra y también encuentro, no una, sino incontables monedas que apenas puedo sostener entre las manos, con los bolsillos llenos. De pronto la puerta del pabellón se abre y aparece mi mamá que me había estado buscando por siglos. Me obliga a dejar que esas monedas germinen en la sala de espera del consultorio, salimos a la calle y el día nos cubre.


240

Qué es un círculo, en el cielo, por ejemplo. O dos círculos girando cuesta abajo. U otro botando de aquí para allá en medio de la algarabía de los niños.


241

Camino perdido por la calle mientras lloro mirando a los extraños que me evitan o me ven pasar o paran para abrirme paso. Es mediodía y estoy aterrado por el ruido de las bocinas y el traqueteo del milenario chasis de los automóviles; arriba, el cielo cerrado por las líneas de los edificios. Doblo en una esquina y un hombre se arrodilla para atajarme de manera gentil, pregunta por mi nombre, mis apellidos, me pregunta dónde vivo, si acaso sé cómo volver a la casa. A todo respondo que no. Me toma de la mano y me conduce entre la gente hasta una comisaría. Allí se hacen cargo de mí, me dan postres para calmarme, jaleas, una sémola lánguida y desabrida que como porque no sé qué otra cosa hacer. Estoy sentado en un pabellón oscuro. Al fondo veo la puerta por la que entramos. Llevo aquí dos días o más en los que la noche se ha ausentado. La puerta se abre al tercer día y aparece mi madre con una sonrisa hermosa de alivio en el rostro. El último bocado es dulcísimo. Después salimos a la calle rumbo a la casa. Me dice: fuiste muy valiente.

Este es el recuerdo que he estado buscando.


242

El verano se obstina en mis sueños, pero estamos ya en el mes de junio.
Al despertar, esa pesada sensación de desfase que el sueño profundo imprime sobre el cuerpo.
Todo se acomoda después, todo reanuda.


243

En frente y a los costados, veo tras pequeñas ventanas la actividad de los vecinos que descuelgan la ropa seca de los tendederos, barren los balcones o salen a fumar, todavía en pijamas, despeinados y, supongo, con la densidad olorosa de la noche impregnada en sus barbas y cabellos, la piel pegajosa. Son los cuerpos abatidos del domingo.
Una mujer contempla los maceteros de su minúsculo jardín, huele la tierra húmeda y toca las hojas de las plantas para atisbar, quizás, la vida lenta que sobrevive a la vida que vivimos, más allá de las obligaciones familiares y los vaivenes de la economía.
Los árboles roncan cuando el viento arrecia, se cierra el cielo, las ventanas se cierran.


244

Sin embargo, estamos lejos, hermana, un abismo nos separa, mil trescientos kilómetros, la inconmensurable ligereza del desierto.


245

Yo aquí, con mi lámina de vida, y tú allá, con tu lámina de vida, esperando, ambos, una existencia más gruesa.


246

Tras la masacre de Orlando, tras el asesinato de Daniel Zamudio, se sugirió en algún medio que el asesino era un homosexual reprimido. Esta sutil figura, que se presenta tolerante a las prácticas homoeróticas y promueve sus agenciamientos políticos, sin embargo, pretende anular el problema social que hay detrás: la homofobia profunda, it's the queer inside they fear, as Mr. Carlin said; ya que al circunscribir toda esa violencia a un grupo, a los problemas identitarios de quien no quiere o puede presentarse “tal cual es”, se escabulle el problema de fondo: el odio a uno mismo, el horror de reconocerse como una persona abierta a la sexualidad y sus prácticas afectivas.


247

Está la ropa de calle, con la cual nos presentamos al mundo, libre idealmente de manchas y roces, libre de la acción erosiva del cuerpo en su medio. Y está la ropa de casa, adelgazada, semitransparente y olorosa, tibia del domingo, pegada a muslos y glúteos. Esa ropa adherida, también, al sueño.
Esta es la ropa de la depresión, la soledad, de eso que llamamos descuido de uno mismo, pero también es la ropa suave del amor propio y del amor a los otros.


248

Tuve este sueño en el que escribí líneas, líneas y formas, colores: ocres, grises, azules pálidos, el punto granate del otoño.


249

El príncipe me arroja su diario a la cara. En él leo episodios de la vida joven que vivimos. De esos años, yo recuerdo cierta bruma colorida, como si hubiese estado siempre despertando y el sol de la mañana me nublara los ojos. En su diario, la vida es más completa, los objetos más definidos. Yo soy un mueble hermoso arrojado en la esquina del mundo, la luz que rebota en la madera para volver a golpear su retina.


250

“Pero quizás si esta pausa era un poco necesaria”, le escribe Moisés a Humberto, “ya que debíamos darnos cuenta verdaderamente de que ya no estábamos cerca, de que ya nuestras cosas no iban totalmente una al lado de la otra. ¿Y quiere creerme? Puedo decirle con mi propia lengua que en cuanto a lo imperecedero de nosotros nada ha cambiado, en nada podrá ya cambiar. Hay un destino entre nuestras buenas frentes. Un destino bello e implacable. En lo que a mí se refiere, me someto a él con alegría. Y es que nuestras ‘soledades’ parecen verdaderamente hacer una sola, querámoslo o no”.


251

Más de una vez, de niño, estuve hospitalizado. Recuerdo un mediodía, luego del vapor del suero y el sueño, mi primera comida sólida: un pollo asado que comí como los enfermos o los desmemoriados comen, sin más certeza que la cuchara en la boca.
Nada tiene que ver esa ansiedad que produce la carne con la calma con que se preparan frutas y verduras, se lava la quínoa, lentamente se cocina el arroz y las legumbres que despiertan a una mañana blanda.


252

Al decir de Watanabe:
“Hay días de felino
y días de paquidermo. Hoy sean bienvenidas
las benéficas ensaladas, la suave soya y las frutas
aunque tarde:
ya cincuenta años que comes carne
y estás eructando miedo”.


253

El incendio de la mañana tras las torres residenciales.


254

El sol pestañea entre las torres que rotan y traslapan, cielos verticales donde la tarde sucede cada tarde.


255

Anochece, el sol desciende, degradado el cielo. La luz se recluye en las ventanas de las altas torres.


256

Entre el pie y la ventana, una distancia irremontable.


257

¿Dónde están los cerros azules, los cerros fluidos, la pluma que sostiene la calma del cielo
sumergido en las pupilas, la espalda granulada que descansa donde el sol atraca?


258

Otro día, otra mañana. Las ventanas se reflejan en las ventanas.


259

Tras cocinar en esta noche fría la comida que me mantendrá firme mientras escribo, la ventana empañada acumula el cielo nocturno y sus constelaciones.
Son las ventanas de las altas torres donde los amigos insensibles se desvelan o, en la duermevela de la melisa, confunden la vida con los sueños.


260

Estamos acostados sobre el asfalto en algún lugar de la ciudad desierta, ¿qué constelaciones –me preguntas- señalan los vértices de las altas torres?


261

Un signo son tres signos, o eso hemos aprendido, pero
¿cuántos signos son un cisne?

¿Cuántos espejos son un espejo?
¿Cuántas ventanas caben en un ojo?
¿Cuántas almas hay tras cada ventana?
¿Cuántas ventanas en los espejos?
¿Qué signos haces –oh signo- con tu encorvado cuello

?
~~~~~~~~

(En el pico del signo tambalean las constelaciones)


262

Tenemos que mover la cama tras la muerte de mi padre, para barrer la pieza y que la vida se esparza, encuentre un lugar limpio donde brotar, luminoso donde crecer. Yo soy un niño y mi madre una joven mujer a unos centímetros de su propio cuerpo. La cama es pesadísima, el día quieto. No podemos moverla, quizás lloramos de impotencia, no sé, solo recuerdo la bruma luminosa del patio inundando la pieza. De pronto la cama se mueve, es el fantasma bondadoso de mi padre que aligera el peso de estar solos.


263

Me descubren escribiendo, cuando niño, una carta, de amor, de ilusión, de esperanza, a Marta o Gabriela o José. Avergonzado la destruyo en mil pedazos que boto al tacho de la basura, pero que quiero tragarme para hacerlos parte de mí mismo y preservarlos de sus burlas. Huyo corriendo al patio. Tras unas horas vuelvo a la casa y veo, fruncido el ceño “como todo hombre de estudio”, a mi padre, pegando uno a uno los pedazos de la carta.


264

“Hay mucho que decir a propósito del jabón. Exactamente todo lo que él cuenta de sí mismo hasta su desaparición completa”. Francis (é)Ponge.


265

Primero fueron noches incontables de un malestar tenso; en las que me levantaba de la cama con el cuerpo fuera de sitio. En la oscuridad me apresuraba hacia el baño dejando el pijama descascarado por el suelo, camino de la ducha.
“Las uvas huecas, perfumadas del jabón” me devolvían la calma y podía, entonces, caer dormido nuevamente sobre la tina, mientras el agua terminaba por lavarme los sueños.


266

Después, todas las injusticias mutuas, los pequeños gestos de desagrado por las mañanas cuando, con los ojos enrojecidos, nos mirábamos con un odio triste y solitario.
Venía la tarde luego y luego la noche; respectivamente, espuma, residuo blanco del día.


267

El jabón es una piedra complicada –dice Ponge-, lejos de sentir placer en hacerse rodar por las fuerzas de la naturaleza, se desliza entre sus dedos.


268

Despierto en el medio de la noche. La mitad del cuerpo frío, insensible el ojo. Un rectángulo de luz delinea la puerta del baño al frente.
Sigo al brazo que confío hacia el pomo de la puerta que no alcanzo, se desplaza a la mitad inútil, que no despierta del cuerpo.
Todo, la cama, la alfombra, los zapatos, un milímetro fuera de su sitio.


269

El jabón aún está en su lugar, petrificado en la jabonera, tras este largo viaje.
Vendrá, luego, su “baba luminosa y nacarada”, a reblandecer estas manos.


270

A veces vuelve la sensación de ese milímetro excesivo; ese milímetro en el que el mundo se desplaza dejándome de lado o detrás: el milímetro en el que las cosas se alejan a una distancia irremontable o, a veces, se acercan demasiado. Y todo cae o se desliza entre los dedos: las ventanas se avecinan, las puertas se cierran en las narices, los peldaños me tienden trampas. Son noches de vasallo, noches en las que me pierdo en el vasto territorio de la cama, camino a la mañana.


271

Metáforas de la vida cotidiana, catacresis en las que la muerte nos muestra su verdad: pomo de la puerta, saponina, el jabón y las manzanas.


272

Una burbuja escapa y rodea el aire, pequeña y fugaz esfera en la que el mundo olvida sus esquinas.


273

Está el desfase que el sueño profundo imprime sobre el cuerpo.
Las noches en que el cuerpo se encuentra fuera de sitio: el milímetro excesivo que solo la piedra mágica puede limar.
También la brizna de piel que cubre la carne viva: ese necesario desfase entre la escritura y el dolor.


274

Dibujamos un círculo sobre la arena. ¿Qué es?, ¿qué puede ser? Una pelota, una naranja, el sol o una rueda.
Sabemos, le digo, que una pelota no es una fruta o el sol una rueda, pero en algo se parecen. Todos son un círculo, la circularidad, insisto, es ese aspecto que comparten y por el cual podemos llegar a decir: naranja del cielo o:
el sol rebota en la arena de esta playa
rueda
hacia la tarde.


275

Siempre, esas pocas veces, que viajé a visitarlo, le llevaba un libro de regalo. Veía, yo, cómo de a poco, a medida que rompía el papel de regalo, se iba decepcionando al descubrir su contenido.
Una de las últimas veces, ya con total hastío, se me adelantó y dijo: ah, ya sé lo que es, es un libro.


276

Me contó por qué me odiaba hace tanto, con una memoria admirable para un niño. Según él, alguna vez, yo lo traté mal. Por supuesto yo no recuerdo nada. Me odia todavía y le pido disculpas. De inmediato se aligera, pierde un peso de años. Acepta sin pedir otra cosa y me aligera, de paso, a mí, de un peso que no conocía.


277

Esta vez le llevo otros dos libros. Rápidamente los deja a un lado para seguir viendo televisión o jugando. Luego de un rato va a su pieza, se echa sobre la cama y comienza a leer.


278

Yo leo por las mañanas después del desayuno, tras el almuerzo mientras los otros duermen siesta, al llegar la noche cuando la familia se calma. Él me ha estado mirando con cierta distancia o curiosidad, no sé, hasta que me pregunta qué estoy leyendo. En voz alta le leo un poema que al parecer lo sorprende, me pide que le lea otro y otro más. Después de unos días hablamos y me cuenta: me gustó ese poema que dice: “las estrellas perdidas son para ti, el frágil cuerpo de un bañista es para ti”.


279

Vamos camino al cine. Cruzo en rojo con cuidado de que no venga algún auto, me sigue sin preocupaciones. Al otro lado de la calle le pregunto por qué cruzó con luz roja si sabe que no debe. Luego, en cada esquina, aunque no se aproxime auto alguno, espera el verde. Yo sigo y me alejo y él corre para alcanzarme. Alega por mi injusticia. Yo le respondo que tiene que aprender a considerar las situaciones. No porque el semáforo esté en rojo significa que necesariamente debe esperar a que dé el verde, que si hay luz verde de todas formas debe mirar a ambos lados de la calle, que debe aprender a decidir por sí mismo… Responde con un orgullo nuevo: no quiero aprender, yo elijo la mayor ignorancia.


280

Digo o imagino que digo (a estas alturas qué importa): tienes que ser fuerte, no dejarte morir, todos en la casa te queremos. Alejado, sin embargo, ya hace mucho.
Ahora escribo “la casa” como si un dolor, como si esa parte de mí, minúscula y densa, enquistada en el pecho, de pronto me recordara, tras hacer una mala fuerza, que el tiempo pasa, que el cuerpo nos traiciona, que vivir lejos, a veces, para algunos, es continuar huyendo de uno mismo.


281

Y no es solo que me haya alejado físicamente, que me haya ido el tiempo que tarda un desierto. Estoy lejos también de una manera familiar de llamar a las cosas, propias. De un lenguaje –estoy tentado a escribir- menos “frondoso”, menos “diverso”, más “pobre”. O, por otro lado, de un lenguaje que no necesita (como yo, el que escribe), para explicarse, es decir, para exponerse de manera completa, más que un conjunto limitado de signos: el este, el coso, ¡bah!, eso.
El amor allá me es más simple, está atado de manera directa a esas sílabas, a esos ruidos plenos de sentido e insignificantes, interjecciones y onomatopeyas que rodean la mesa, que rondan, como fantasmas amistosos, la casa.


282

Nos abrazamos con delicadeza en el momento de la despedida. Yo recuerdo un cuerpo más fornido, lleno de vida. Me sorprende ahora esta inconcordancia, esa delgadez que me obliga a tenerlo más cerca para estrecharlo. Él me abraza también con cuidado, como quien toma un objeto invaluable y teme dejarlo caer.


283

El viaje es interrumpido por una falla mecánica. Debemos esperar en medio del desierto a que el próximo bus nos lleve a nuestros respectivos destinos. Es de noche y el cielo es elocuente. Los pasajeros pierden la paciencia de inmediato o bromean con el desinterés de los sobrecargos. Tomamos café o Coca-Cola, imaginamos el paso del tiempo capeando el frío; algunos planifican el día, aprovechan para sacar cuentas, cerrar algún negocio, advertirse de las costumbres de los habitantes de la ciudad próxima. Yo miro hacia arriba y recuerdo: la Cruz del Sur, la Osa mayor, Escorpión y Tauro, el punto rojo de Marte, tendidos sobre el techo de la casa.


284

¿Cuánto demora el viaje?


285

Fingir sabiduría, felicidad, Juana, o erudición; representar el placer y el dolor, escribir que estoy triste antes que estar triste, ¿no se trata acaso de eso, el diario?


286

Y de todas esas prácticas que implican desidentificarse para volver a encontrarnos en algún lugar más parecido a la felicidad.


287

La fruta entra a la boca y sube lento a la memoria. La calma del verano, luego; la gentileza del sol sobre el cuerpo tras salir del mar vienen con ella.


288

Una emoción incontenible tras comer una naranja. Dulce fruto del cielo que otorga vida.


289

En un mundo en el que las estaciones se han reducido a dos.
Frutos del invierno:
Manzanas, peras, kiwis y plátanos.
Frutos del verano:
Sandías, frutillas, duraznos y ciruelas.


290

El verano se obstina en mis sueños, ese lugar parecido a la felicidad, allí donde podemos reencontrarnos.


291

El deseo persistente, Juan, de vivir una vida corta, entregada a los excesos, el amor y el compañerismo.


292

Ser más como el otro, conservando aquello que amamos en nosotros mismos. Ser uno solo con lo que se ama.


293

Toco el árbol, la rama más alta se mueve.


294

Se levanta del asiento con impertinencia, bosteza y se estira. Yo intento dormir, pero no puedo evitar observar su cara idiota mientras mira por la ventana. Siento una horrible distancia entre nosotros, no puedo identificarme con su escasa humanidad; de inmediato el desprecio, cierto asco por el gesto de su boca semiabierta, signo inequívoco de estupidez, por sus ojos que se abren de manera desproporcionada, al tiempo que una sonrisa le suaviza el rostro.
El asombro lo embarga, todo cambia ahora, me emociona su entrega sincera a la maravilla que significa surcar el aire, sobre la cordillera de Los Andes.


295

Soñé que caminábamos por la playa. En el sueño, ni el tiempo o el espacio se alteraron, ni dejamos de ser quienes éramos entonces, ninguna sensación de extrañeza nos advertía que soñábamos.
Solo caminábamos por la playa, escuchando sobre el sonido del oleaje la armonía de las piedras que chocaban, una en otra, al recogerse la marea.


296

Cruzo la calle, cambio de dirección, me detengo y vuelvo en busca de algo sin importancia o pierdo el tiempo en alguno de esos incansables rituales entre la casa y mi destino. Hace años, cuando ni siquiera sabíamos uno del otro.


297

“Entre esa cruda y aflictiva copia
corren gentes desnudas y asustadas
que no esperan guarida, ni helitropia”.


298

Nada, ningún gesto -para el otro, para uno mismo-, ninguna delicadeza es necesaria. Demorarse, a veces, cuando vamos demasiado rápido; detenerse cuando el resto avanza sin contemplación; esperar un rato para encontrarnos.


299

Como el inmortal que finge su muerte. “Delicadeza pura: aparentar estar muerto para no impresionar, herir, desconcertar a los que mueren” (Roland Barthes).


300

“A través de aquella espantosa y cruel multitud de reptiles corrían gentes desnudas y aterrorizadas, sin esperanza de encontrar refugio ni heliotropo”.


301

En la nota tercera del canto vigesimocuarto de la traducción del Conde de Cheste, en la nota segunda de la edición a cargo de Francisco Montes de Oca, del Infierno, se lee respectivamente:
“Corría entre los antiguos que una piedra llamada heliotropia hacía invisible al que la llevaba”.
“Se decía que la flor del heliotropo hacía invisible al que la llevaba”.


302

Ser gentil, entonces, cargar en el bolsillo la piedra del sol por si la espantosa multitud del mundo te persigue, cargar, al menos, un ramo de melisa, por si necesitas dormir.


303

La felicidad, a veces, es también indeseable.


304

Nos encontramos al doblar la esquina. Nos abrazamos para despedirnos antes de partir a cualquier otro sitio.


305

Cansado, ya sin fuerzas, en mi sueño. Tras recurrir a la medicina de los vivos y los muertos, accedo a comer un trozo de carne para recuperar las fuerzas que he perdido luego del viaje (¿se deja de viajar alguna vez?). Su sabor es como el recuerdo de algún episodio insignificante que de pronto nos asalta con luz nueva. Lloro largamente y no puedo seguir comiendo.


306

Vuelve, a donde quiera que vayas.


307

“…por el hecho de la alimentación moderna, la carne humana ha asimilado la industria al punto que ya no se distingue de ella. Para decirlo en otras palabras: nuestra carne se ha vuelto industrial. En esto se podría ver una transposición de la eucaristía a la historia material de los hombres: la industria, que se hacía carne en los hombres, se ha vuelto carne de los hombres a través de la alimentación”.


308

De ahora en adelante, ¿todo se tratará de despedirnos?


309

Después R., recibe el plato y me consuelan. El dolor se disipa, las energías retornan al cuerpo cuando tras la mesa el sol despunta.


310

Los hombres oscuros. Es importante la mirada, ya sea en el narrador que se entrega a la apertura del paisaje o a la mañana, a la caída de la noche, ya en algunos personajes: la mujer de Víctor Alfonso, el suplementero revolucionario, lo mira con orgullo mientras este vuelve al conventillo con su presencia simple y se sirve la comida.
Estos momentos -en medio del erotismo interrumpido o frustrado, de los malos olores: el guano y el hedor del amor furtivo, el hacinamiento y los vicios- parecen requerir de un lenguaje que escape de cierto expresionismo decadente o un realismo de tableau, para entregarse al luminoso trabajo del lenguaje analógico.


311

No depositar en nadie la responsabilidad de la propia vida.


312

Soñé esta pregunta: ¿Cuál es el estado de naturaleza de tus zapatos?


313

Al parecer no quiero nada más que volver a “la casa”, vivir con la madre, los hermanos, el sobrino. Son ellos el objeto de mis sueños.


314

El decorado en las fotos de estudio de fines del XIX.
Veo el retrato de unos hombres sentados sobre esplendorosas sillas en lo que parece ser, a primera vista, un jardín interior (un invernadero). Ramos de flores, guirnaldas decoran las paredes; se entrometen, en medio de sus piernas, maceteros: helechos, diferentes variedades de quiscos, la Mimosa pudica.
No existe naturalidad alguna en esa escena, tampoco en los rostros saturados por la exposición. De ahí cierta distancia, pero la delicadeza de situar, azarosa o estratégicamente, por motivos del más estereotipado convencionalismo o por un derroche de creatividad, esos maceteros sobre el suelo del estudio, al centro de la foto…


315

“Cuando recuperé la razón
me senté en una piedra a llorar como un niño
olvidando que ya era un hombre hecho y derecho”.


316

Nuevamente me perdí en mí mismo, imaginando nuestro reencuentro: la escena perfecta en la que puedo practicar algún acto de bondad, ser gentil: llevarte un regalo oscuro, enigmático para el resto y simple, luminoso, para ambos: un ramo de melisa, la piedra mágica que nos lave los sueños, la piedra del sol que nos ampare del mundo.
Al parecer el acto de delicadeza nada tiene que ver -como la bondad- con el hecho de llevarlo a cabo.


317

El destiempo / el desfase / la brizna de piel.
El dolor, pero ¿qué dolor?


318

Se puede vivir perfectamente imaginando una vida.


319

“Por el tragaluz, la madrugada hace temblar sus dedos claros. Los primeros átomos de luz se escurren hacia el cuarto. Por sobre la ciudad aún dormida y bajo las últimas y ateridas estrellas, los gallos burgueses y proletarios, como hermanos, zurcen la distancia con las agujas sonoras de su canto”.


320

Nos vemos con F., y llegamos a la siguiente conclusión luego de celebrar nuestro encuentro: solo el asombro nos permite enfrentar el mundo con alegría.


321

Ayer nos vimos otra vez en la exposición de P., me contó del viaje iniciático que mañana emprende. Estoy un poco enfermo y no entiendo lo que quiere: que la cuide desde lejos, con la paciencia de los viejos amigos. Recién hoy, al despertar me doy cuenta y le escribo: que tengas un buen viaje, tranquilidad, todo el mundo te va a querer.


322

Lo quiero a F., lo respeto, lo admiro, lo resentí, a veces, porque no es esa persona que conocí hace años. Pero ese es mi problema. Por lo mismo lo he dejado de ver, a mi pesar, ensimismado en la ficción del crecimiento personal, ético. Él, desplegándose como quien abraza el mundo con ternura.


323

Es más joven que yo, pero tiene la capacidad de comprender más fácilmente las cosas.


324

La experiencia implica cierta suma de errores, al decir de Baudelaire. Por supuesto, “tener experiencia” no implica evitar el error, reincidir. Cierto secreto regocijo en ser cruel, fallar, en la tarea que se emprende conociendo su fracaso.


325

Fui al lanzamiento de su libro. Le digo, es hermoso, con la sinceridad que puedo. Me voy inmediatamente para evitar la responsabilidad de explicarme. Recuerdo una vez que estábamos en el pequeño balcón del departamento antiguo, le manifesté, no sé con qué palabras, toda mi admiración, de seguro no lo recuerda, apenas tenía veinte años. Tiene una libertad que yo no poseo: entregarse a las cosas con emoción, ser amable con quienes quiere, desechar el resto del mundo.


326

F., decidió dejar todo lo que yo he querido dejar.


327

Mi vida, la vida de F., la de M., la tuya se cruzaron, fuimos amigos cercanos por un tiempo, cenamos, dormimos, desayunamos y almorzamos jornadas extenuantes.


328

Tras la exposición de P., nos demoramos en decidir en qué boliche terminaríamos la jornada. Yo, por la espera, porque me sentía enfermo, tuve que despedirme para venir a descansar. Vi en el rostro de P., una desilusión que me alegró. Como con F., fuimos los más grandes amigos, ahora estamos distanciados por las circunstancias ridículas de la vida.


329

También están los otros amigos a los que quiero, pero soporto apenas. El problema mayor, el problema real: no compartimos la misma obsesión por el lenguaje.


330

Excusas usuales para no reunirme con gente:
Tengo que trabajar
Estoy enfermo
Tengo que limpiar la casa
Tengo que escribir
La verdadera razón nunca funciona, siempre conduce a una cadena, interminable para mí, de preguntas: quiero estar solo, aislado del mundo.


331

"El alimento en la boca te relaciona / con el mundo"
Yo rezo por el espíritu del animal que como
Lloro de alegría por el sabor de las lentejas que abren / el corazón
Agradezco al sol su luz cítrica
Su dorada cáscara.


332

Salgo por la mañana y al cerrar la puerta recuerdo un sueño que me parece recurrente.
Vuelvo del trabajo y la puerta está abierta de par en par. Una desesperación incomparable viene de inmediato, miedo a haber perdido algo de valor.
Sin embargo, al interior de este lugar que llamo “mi” casa, nada falta, todo está exactamente como lo dejé por la mañana, como si nada -al interior- fuese precioso para otro más que para mí mismo.


333

¿Qué hay antes del recuerdo de la madre (ese recuerdo que he estado buscando)? Luego, podría quizás decirlo con alguna certeza: imágenes –más o menos enojosas- con las que me identifico / láminas superpuestas una tras otra / filmes que proyecto sobre el mundo.
¿Cuál es, sin embargo, la utilidad de esta pregunta? El recuerdo de la madre lo precede todo, Roland.


334

Si de algo tengo seguridad es de lo siguiente: no quiero la cercanía de ciertas personas, el contacto amistoso o sexual.


335

Me aconseja: cuida a tus amigos porque después –cuando estés realmente solo- los vas a necesitar.


336

El propósito: ir / pretender / imaginar ir más allá de uno mismo.


337

Al interior. ¿Por eso –a pesar de los pagos mensuales, los subsidios, las deudas- podemos ocupar el posesivo?



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La fascinación tiene un efecto apotropaico: aparta el mal, nos mantiene protegidos.



día 1

El sonido brota desde el fondo de las cosas, aumenta. En algún punto, revienta el día, se expande.


día 2

La escritura del ayuno, la escritura blanca del alba, la que comienza al fondo de las cosas, sonido destinado a perderse con la marcha del día.


día 3

No despertar, mostrar al mundo la cara amable.


día 4

Más allá de la bruma, el oro del día.


día 5

Abajo, la escritura del tiempo avanza mientras vamos cayendo.


día 6

El sonido continúa en la intermitencia de las luces. Entonces lloro.


día 7

Deseo de despertar a un sueño más profundo. El sueño que el manto del día arropa.


día 8

Hacia lo lejos, nada es diferente, todo fluye.


día 9

La palabra se rompe. Secreta el día. Su rumor avanza.


día 10

Una habitación se enciende. Comienza el día.


día 11

Todo me es indiferente, bajo el sol cada cosa hiere. No hay continuidad alguna entre las cosas, solo bordes, límites, líneas que dañan el paso del cuerpo.


día 12

El canto de los pájaros transporta el rumor de las cosas; sin destino, se embelesa, tuerce, expande y contrae, llena el cuenco del mundo.


día 13

La enjambre ruidosa se amplifica en el vacío de una oreja, álef del alba.


día 14

El hueco del ala que permite el vuelo, la caja que reserva la voz (su alegría, su llanto sonoro), el vacío del mundo que esculpe las montañas.
En el aire todo sobrevive, reverbera en la concavidad del cielo.


día 15

Las cosas permanecen en sí mismas (en su revés oscuro, cuando nada es diferente), se preparan para contener el sol.


día 16

La enjambre de voces revolotea, una gota marca el ritmo propio de su caída, los automóviles dejan una estela ruidosa a su paso.
Despertar es ingresar a la densidad del sonido.


día 17

Al fondo la montaña sueña su presencia diferente. El muaré, la vibración que desemboque en el blanco.


día 18

Todo se desprende de la montaña, que es una oscuridad infinita.


día 19

Las grúas (de los edificios futuros, de vidas y muertes futuras) marcan el tiempo y el espacio, indican el cielo y la tierra.


día 20

El pájaro, ennegrecido por la luz que asciende, pasa sobre mi cabeza; es el último vestigio de la noche.


día 21

Una última gota cae, hace visible la superficie de las cosas, el dolor que comparten. Aunque todo permanezca de pie, ya ha empezado a derrumbarse. La tierra es generosa.


día 22

La luz del sol se expande sobre la superficie de la tierra, velo invisible que descubre cada cosa.


día 23

Unos minutos más permanece el cuenco de Santiago en la oscuridad. Después el sol se expande tras remontar la montaña y todo continúa. Por unos minutos, la noche juega en el alba.


día 24

Cúmulos de nubes avanzan sobre la montaña, eventualmente cubrirán todo el cielo visible. Su amenaza es fútil, quieren restituir la noche.


día 25

Una línea rodea todo el cuenco. Ningún edificio se alza sobre ella, ningún suicida acude a ella para alcanzar la tarde, es la línea irremontable del ojo.


día 26

Es domingo. Se escucha el trinar de las cosas, rumor de la noche que cuida el sueño de quien duerme.


día 27

Las montañas contienen el barullo arbitrario de la vida.
Las grúas transportan los pesados objetos de la sensibilidad, alzan pequeñas montañas con ellos, montículos aquí y allá.
Las montañas también son arbitrarias.


día 28

El refrigerador revienta el sonido del alba. De pronto todo cae en su sitio. El ciclo del día finge su continuidad: caótica danza que los solitarios imitan en pasos regulares, esquemas, figuras abstractas, luminosos signos discretos.


día 29

¿Qué es la montaña para mí?
¿Qué es la montaña en relación con su materia inescrutable?
¿Qué es la montaña para sí misma?
Entre la montaña y yo, media un haz de luces, tiempo, mi deseo de decir montaña para que, al decirlo, rompa la tierra, se eleve bajo tus pies.


día 30

La cáscara del cielo resquebraja en arreboles por donde la luz penetra: es el mundo que nace al día.


día 31

Las grúas giran sin razón aparente, mueven objetos de un lugar a otro, reordenan el mundo.


día 32

De este campo de intensidades, de esta multiplicidad, de este complejo vibratorio, digo:
blanco / gota
Y llueve.


día 33

Vuelve la lluvia al cielo, las nubes se desagregan en cúmulos que desaparecen tras la montaña. La cáscara celeste se resquebraja, la luz penetra:
Verdes grúas brillan bajo el sol.


día 34

Todo quieto tras la lluvia. Estelas de sonido continúan su viaje infinito, la materia se abre, muestra sus fundamentos: el limo.


día 35

La densidad del aire comprime el metal, produce un chirrido milenario.


día 36

El calor que el cuerpo pierde asciende para unirse con las nubes.


día 37

Un pájaro tira del resto de los pájaros. El mundo cae, los pájaros huyen a las cabezas de sus hijos.


día 38

La noche se repliega reverente frente al día que avanza. ¿Quién tira el hilo del primer pájaro?


día 39

A medida que el sol asciende y la luz disipa la oscuridad de la montaña, descubro que tras ella se alzan otras montañas, celestes, grises hijas del cielo, que la indiferencia del día esconde.


día 40

Una nube, pequeña, dorada, posada apenas sobre la línea de la montaña, anuncia la salida del sol, la insistencia del día.


410

12 de septiembre.
Toda tarea que uno emprenda por 40 días queda por siempre. A partir de mañana, escribir por cuarenta días como la primera cosa que haga al despertar.
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El procedimiento: levantarse antes de la salida del sol. Escribir en ayuno. 40 días hasta el 23 de octubre, el día en que nací hace 33 años.


411

13 de septiembre.
Camino contra el sol. Aparece la sombra de alguien que sigue mis pasos. Pienso antes que otra posibilidad, que eres tú, que vienes a sorprenderme.
-
Segunda parte del ejercicio: leer por las tardes.
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¿Por qué alguna vez en el pasado, en el futuro, dejar de ser esto que soy en este momento: una persona abierta a los otros y al mundo, calmada?
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Por otro lado reposa también la sensación de que me he vuelto una persona indeseable, un manipulador insaciable que puede imitar a su antojo los sentimientos del otro y propiciar su simpatía.


412

14 de septiembre.
Luego de la escritura blanca del ayuno, siento: esta es mi cura, no la simple espera (por nadie, de nada), mi amuleto.
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La escritura del alba, una práctica de neutralización, un amuleto.


413

15 de septiembre.
Inmediatamente después de la escritura del alba, anoto: “los amigos insensibles parpadean en los cielos verticales, se multiplican, cerca y lejos, sus constelaciones”.
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15:45. El cuerpo se revela contra la muerte.


414

19 de septiembre.
Soñé que había dormido la vida entera. En el momento de mi muerte, un atisbo de algo que supe real me cubrió, invitándome al sueño placentero en el que me sentí más vivo, incorporado al fin.
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Tras el sueño vino un sueño más profundo, en el que pude dormir “sobre ambas orejas”.
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“Aquí yace el poeta Hiponax. Si eres malvado, no te aproximes a su tumba. Si eres honesto y vienes de un lugar virtuoso, no temas, siéntate; y, si quieres, duerme”.
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Esta mañana he escrito algo que debiera ser una observación más o menos desapasionada del alba. Anoto luego de una asociación que me atraviesa los ojos: “entonces lloro”. Vuelvo a leer esta nota a las 17:14 horas y no logro comprenderla.


415

20 de septiembre.
El cielo vedado parpadea en las habitaciones, capa tras capa, vida tras vida, resquebraja la piedra. En el alba su rumor sube. En el alba nada es diferente.
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Hay preguntas fundamentales, que apuntan al fundamento de las cosas.
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Puede ser que el tiempo, el cielo, nos sea vedado, pero no la capacidad de imaginarlo.
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La pregunta por el fundamento de las cosas debiese actuar como crítica a la concepción diferencial del ser, del individuo frente a eso que llamamos naturaleza.
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Como el habla del enamorado de los Fragmentos… que no analiza, simula.


416

20 de septiembre.
La montaña surge de la noche.
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LA GRAN SALINA. Hay preguntas fundamentales, que apuntan al fundamento de las cosas. Así, la pregunta por el tiempo que tarda en formarse una piedra, el suelo que sostiene los edificios que nos sostienen.
Sin duda, podemos atisbar esa temporalidad a través de las marcas que ha dejado sobre la materia, pero esa pregunta por los fundamentos no pretende analizar, reconstruir o explicar lo plegado (las capas de tiempo denso).
La pregunta por el fundamento es una pregunta sin propósito: ese tiempo es inaccesible. A la deriva del conocimiento intelectual, esta pregunta tiende puentes entre tiempos diferentes, diferentes materiales, para explorar sus continuidades. La pregunta por el fundamento de las cosas es, en este sentido, una pregunta por sus relaciones amistosas. Una pregunta que actúa (quizás) como crítica a la concepción diferencial del ser, de lo individualizable, del individuo frente a eso que llamamos naturaleza.
De manera esencial, ese tiempo –el tiempo del fundamento– nos es vedado, pero no la capacidad de imaginar, la capacidad de simulación.
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Camino de vuelta a la casa, veo a un niño venir de la mano de su padre, una alegría inexplicable me golpea: me emociona todo lo que le queda por vivir.


417

22 de septiembre.
El alba, de rosados dedos.
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La práctica de los 40 días más que ofrecer rigor / rigurosidad al “ejercicio”, al “trabajo” de escribir, le imprime una desagradable sensación de tarea cumplida. Extraño la inmersión constante en el presente que implica escribir un diario sin propósito alguno.
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Existe, por otro lado, una cierta ausencia de control que me interesa / fascina y obliga a continuar.
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“Una cierta ausencia de control”. El adjetivo indefinido es decidor sin embargo: señala certeza y duda al mismo tiempo.


418

23 de septiembre.
Hay nuevas horas, nueva luz, espacios amplios, un mundo nuevo.
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Hoy escribí casi exactamente lo mismo que ayer. El décimo día, día del hastío, de la repetición, número de la vida vieja.
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Siento que emprender esta, como toda otra tarea, carece de sentido. Este es el mundo, “¿hay sentido en él?”
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Luego de la alegría –inmensa, me atrevo a decir– caigo en este hastío, dudo de todo, de mis intenciones declaradas de benevolencia. Llego a pensar que necesito estos estados de autoconmiseración, de esta morbidez que se manifiesta contra la vida activa. Ahora mismo el cuerpo frío de las cosas me consuela. Un sentimiento persiste: la mística desaseada de la anulación, del anonadamiento, del llanto, de eso que a los ojos del mundo –que son mis propios ojos– es nada más que depresión.
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Un sentimiento horripilante llega como corolario: ¿quién es esa persona?
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Siento que he estado mintiendo todo este tiempo, en verdad me complacen las justificaciones que invento para estar aislado. No hay amor comparable a ese odio.


419

24 de septiembre.
Despierto llorando, tengo que sanar antes de cualquier cosa, pero no hay herida. No es la anulación, el anonadamiento, sino la exacerbación del cuerpo, de su enfermedad lo que se ha ido descubriendo.
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No quiero ser así, a veces necesito conectarme con “la parte mala”. Sin ella no puedo llamarme yo, es mi Occidente.
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El décimo día comenzó el desierto.
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Anoche, frente al espejo me vi a mí mismo con una cara que no pude reconocer, la nariz más grande, me miraba desafiante, quería imprimirme miedo, pero más bien me causó risa, me reí de ese otro hasta que avergonzado se fue. Ahora es, de manera consciente, parte de mí, ese que secretamente me dirá qué hacer, mi Cyrano, mi demonio.
-
40 días: la afirmación del ego en su multiplicidad.


420

25 de septiembre.
El rumor / el sonido / el canto dan forma a todas las cosas.
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El cuenco donde la vida se acumula excesiva, lama, lodo sonoro.
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La anulación en el otro. Ahora soy nada / un cuerpo sin sentido / el cuenco del mendigo, la forma de quien pide, la forma de quien comparte.


421

26 de septiembre.
El libro sobre las cosas, la relación luctuosa con las cosas, el libro de la esperanza.
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Cómo las cosas determinan nuestra soledad, el espacio que habitamos.
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Una mirada que va desde las cosas –baja hacia su fundamento– y sube al cielo extranjero.
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Hay sentido en el mundo, si entendemos por sentido una relación mínima entre dos cosas; pero no aquel sentido por el cual podemos decir que ambas se relacionan.


422

27 de septiembre.
Imaginar el mundo como una esfera en la que bulle la vida, reverbera, y en cada golpe se transforma, cambia su tono.
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El cuerpo delgado, no débil (infirmus). Tenso.


423

28 de septiembre.
Ser más arbitrario, yuxtaponer rabiosamente, caprichosamente. El deseo no es por el sentido inanticipable, sino por la posibilidad de continuar escribiendo.
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Me parece imposible expresar de manera simple aquello que deseo. No es un problema de estilo, es un problema de referencia, de denotación, de la relación entre el lenguaje y el mundo.
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Hoy es el cumpleaños del padre. Pienso en enviarle de regalo un reloj con la siguiente inscripción: te devuelvo el tiempo.


424

30 de septiembre.
El sol se dispersa en la bruma, su línea avanza sobre la superficie del mundo.
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Quizás sea imposible no relacionarse de manera cruel con el mundo. Exacerbar esa crueldad implica abandonarse a la violencia, aniquilarse.


425

1 de octubre.
La ficción es la siguiente: el alba es aquel momento en el que es posible ver las continuidades entre las cosas, continuidades que el sol –según nuestra concepción diferencial del ser, del sentido, del tiempo y el espacio– cancela.
Las continuidades no desaparecen, son visibles para quien ve con los ojos del alba, quien todavía sueña o no despierta del todo.


426

2 de octubre.
Se acaba el día, se encienden las habitaciones / ceden luego a la noche / el cielo se enciende y gira en el pasado que dormimos.


427

3 de octubre.
Problema de poeta de clase media con pretensiones éticas: ¿cómo ganarse el derecho a decir yo?
-
“Yo, tan luego yo,
capturado en el sueño de la Gran Salina”.
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“Se trata, en definitiva, de un problema de anonimia; yo busco desaparecer como autor”.
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¿Hay relación de identidad posible sin el recurso al sentido?


428

4 de octubre.
Me veo a la vuelta de la esquina en la cara de otro, es la presencia de mi demonio.
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Continúo, el viento estremece el árbol, las hojas del ciruelo me devuelven al mundo.


429

5 de octubre.
“Pues de todos los seres que respiran y se arrastran sobre la tierra, no hay ninguno más desdichado que el hombre”.


430

6 de octubre.
Las marcas del agua están por todas partes. No hay cosa que escape al tiempo: ese murmullo estruendoso de lo derruido.
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Todos los discursos que uno produce a lo largo de la vida son catalogables.
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Al final de la vida no queda más que un conjunto de discursos.


431

8 de octubre.
En juegos inofensivos o serios nos imponemos al otro. Sonrisas, el asombro o el horror de reconocerse camino llano.


432

9 de octubre.
La salida del sol es siempre una sorpresa, ahora mismo calienta mi mejilla izquierda mientras escribo. Un deseo nuevo, escribir para que salga el sol y la vida que nos sobrevive continúe.
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Al decir de W. Herzog: una indiferencia monumental, eso es lo que vemos en el rostro del oso.


433

10 de octubre.
Otra vez el sol del amanecer me toca la cara / proyecta mi sombra sobre la pared / me da una vida clara con la cual me identifico: la calma.
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La sombra es el tamaño exacto de un cuerpo.
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Realizar un acto sin sentido por 40 días. El asunto, la pregunta no es por el sentido, sino por la repetición.


434

11 de octubre.
Existe sin embargo una distancia inexplicable entre nosotros y cada cosa, entre las cosas y las plantas, entre estas y los animales: la monumental indiferencia de la mirada.
-
La relación no es entre las palabras y las cosas, sino entre esa multiplicidad que percibimos como cosa y su enunciación. Esta relación no es necesaria, completamente, lingüística.


435

12 de octubre.
El pedazo de tierra que nos sostiene.
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Entre nosotros y la montaña está nuestra vida, la actividad psíquica, los dominios del sueño y los discursos de la doxa. Soñamos la vibración blanca de la montaña pero esta permanece con su oscuridad indescriptible.


436

13 de octubre.
He dejado de anotar mis sueños. Tengo la sensación de haber soñado algo conmovedor, pero el olvidó ganó. ¿De qué manera que no puedo anticipar se manifestará ese sueño durante el día?
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Todo termina / todo se pudre
se convierte en una noche.
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La realidad, muy bien, está social, discursivamente construida, pero no por eso deja de golpearnos, no por eso el dolor deja de existir.
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Ese conocimiento (como cualquier conocimiento) no evita que suframos.
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Todo está bien / estamos bien / pero no logro sentirme “mejor”. Hay una noche adentro.
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Pero la veo muy contenta por los últimos acontecimientos y me es imposible no sentirme feliz.


437

14 de octubre.
Para. Mira a tu alrededor.


438

15 de octubre.
“Todo discurso sobre la alteridad es un discurso sobre la memoria. La memoria introduce el momento de alteridad en la historia”.
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El desafío a la individualidad del objeto por su puesta en proceso. La localización en el espacio debería hacer evidente la precariedad fundamental de esa operación: la inevitable “pérdida” del proceso.


439

16 de octubre.
Encuentro en el diccionario esta bella acepción de cúmulo:
“Conjunto de nubes propias del verano que tiene apariencia de montañas nevadas con bordes brillantes”.
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“Y tengo por los contrarios una rabia carmesí”.
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Esta, la última semana de la cuaresma, los últimos 7 días, 7 oportunidades para ceder a la tentación de dejar de escribir.


440

17 de octubre.
La constancia del hastío hace insoportable frecuentar a las personas que no estimo –el resto / los otros–. Ahora un deseo inmenso de dormir para despertar / renacer a una vida simple, de cara a las cosas que configuran este espacio.
-
A veces se sigue apenas.
-
Frente a situaciones en las que me siento frustrado, vienen arrestos de una gran tristeza definitiva. Descubro con vergüenza que esa tristeza (falsa o cierta, ese no es el asunto) tiene el objetivo de manipular a los que amo.
-
Por la tarde vi 4 ejemplares de tordos, 2 machos y 2 hembras.
-
¿Cómo hablar del dolor de los otros?
-
Si digo lluvia, ¿llueve en tu cabeza?
-
Le digo a R., tras estar apenas unos minutos presente: “me tengo que ir un poco”. Bromea con esta forma que uso para trasmitir, apenas, que tengo cosas que hacer, cosas que impiden que me quede, pero que de no ser por ellas me quedaría a gusto, también que no me voy del todo, pues uno siempre deja una imagen tras de sí.


441

19 de octubre.
Desde que comencé este ejercicio la salida del sol se ha adelantado alrededor de 10 minutos.
-
Ciertos miedos / a la tierra que estremece el suelo que nos sostiene, por ejemplo / la ofrecen de manera inusitada y hermosa.


442

20 de octubre.
Leo en el muro de Manuel la siguiente cita:
“Mi cuenco de mendigo
acepta hojas caídas”.
Taneda Santoka
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El ojo lo ve todo, pero no puede verse.
-
La cuenca de Santiago está rodeada por la cordillera de los Andes, por la cordillera de la costa.


443

22 de octubre.
El sol sale a las 7:31 minutos.
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El cuenco. La pregunta no es por el contenido sino por la posibilidad de contener.
-
Me pregunto qué pasó con este deseo de simulación: escribir para que salga el sol y la vida que nos sobrevive continúe.
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Una indiferencia monumental, eso es lo que vemos en el rostro de los otros.


444

23 de octubre.
Se cumplieron los 40 días y terminó de acabarse la vida vieja que dormí, quizás, de manera definitiva.
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Camino bajo la sombra de los árboles. De pronto el sol me golpea.
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Entre el día 1 y el día 40, la salida del sol se adelantó 10 minutos. Ese es el milagro que cumplimos.


445

Terminaron los 40 días. Ahora, ¿la vida nueva?


446

Volver a entrar. Todo bien, todo igual. Algún olor que me cuesta reconocer. Poco a poco me atrapa, me envuelve. Recuerdo.


447

Louis C. K., relata en alguna entrevista que el punto crítico de su carrera como comediante estuvo marcado por la siguiente pregunta: ¿Qué es lo que quiero decir, pero tengo miedo de decir?


448

¿De qué materia oscura, viscosa, resistente, está hecha esa “dificultad” que tengo para aceptar el amor de los otros?


449

El sentimiento del luto. Cumplirlo performáticamente. Presentarle al mundo mis respetos.


450

Esta tristeza inmediata es inmediatamente solucionable, pero nadie ni nada pueden disolver esa goma oscurecida, pegada al pecho.


451

Es mediodía, acabo de ver a una muchacha con una polera con el siguiente estampado: “Enjoy every moment”. Por el resto del día, repito ese mensaje como un mantra.


452

No leo lo suficiente.


453

Me vuelvo a sentir bien tras el contacto superficial con un grupo de gente.
Es obvio, la única forma de salir del aislamiento es a través del contacto con los otros. Sin embargo, el deseo de continuar aislado continúa detrás, todo por la satisfacción inmediata pero profunda que implica vivir una y otra vez “la salida”.


454

Cometer errores que afectan a los otros. En el documental sobre Elliott Smith (Heaven adores you) una mujer en un momento dice algo por el estilo, parafraseo: uno no daña solo a quien ama, uno daña a “quien lo ama a uno”.


455

Quizás (o “en efecto”) mi presente estado solo influirá de manera negativa en quienes me rodean. Lo sabio es detenerse, que las heridas “sanen”, que yo crezca, pero ¿cuánto más viejo puede hacerse alguien sin caerse muerto, así, sin (nada) más?


456

Leo el reverso de los 40 días. Son las notas de una persona “deprimida”. Sin embargo, fueron 40 días en los que pude sentirme entregado.
Ahora caí de nuevo en la neurosis, ese –quiero llamarlo así– deseo de complicar las cosas. El amor (que acá solo debería significar esto: el deseo de vivir la vida con respeto) requiere entregarse a lo que esta ofrece, sin pensar, arrojarse.


457

Adjetivos, predicados que se me adjudican en momentos de conflicto: falta de espontaneidad, culpa, moralismo. Aparte del rechazo general a la adjetivación, no puedo evitar sentirme herido en el orgullo cuando me dicen “moralista”. Mis actos, mis palabras, producen, no obstante, ese interpretante.


458

Un sentimiento enfermizo, que en el fondo guiña el ojo: no merezco / necesito querer a nadie, el amor de nadie. El deseo obsesivo de ser un eterno solitario que quiere dedicarse por completo al sinsentido de la escritura es también un miedo profundo a la vida.


459

Fantaseo con que nos encontramos, en el pasado, y te digo: frecuentemos a otras personas, almorcemos con tus amigos, recíbeme en tu casa por unas horas, mirémonos a la cara, compartamos secretos sin arrogancia, sin faltarle el respeto a nadie.


460

¿De dónde surge, en qué lugar reside este rechazo al mundo, este miedo a la vida?


461

Quizás sea “conveniente” volver a la escritura a destiempo, esperar a que la “brizna de piel” cubra la “carne viva”. Después de un tiempo toda práctica supone una condena.


462

El lenguaje: fuente de malestar, de malentendidos y ambigüedades, de dolor.


463

Hay un hombre durmiendo detrás de cada arbusto, de cada cosa.


464

Sueño que nos bañamos en un río amplio, profundo, atardece. El agua que no vemos se divide cuando nos golpea para volver a unirse más allá, donde la noche comienza.


465

Un cuerpo nunca es idéntico a sí mismo.


466

En el mismo río entramos y no entramos / pues somos y no somos los mismos.


467

Escucho a una persona que dice, sentada en la mesa del lado, que las víctimas de incendio que sufren quemaduras en un gran porcentaje de su cuerpo no sienten dolor pues los terminales nerviosos de la piel se queman por completo.
No me interesa la veracidad de sus palabras. Recuerdo haber tenido un sueño en el que estábamos en el último piso de un edificio que estaba siendo devorado por un incendio: una calma hermosa nos envolvía mientras nos mirábamos a los ojos.


468

Hoy, un absoluto sentimiento de clausura. Estoy por completo arrancado al mundo. Le doy la espalda a unos, leo para no ver al frente, escucho música para no oír a nadie.


469

Los poemas construidos a partir de interpelaciones a una segunda persona me parecen de una trivialidad insoportable, de un miedo aburridísimo a la soledad.


470

Árbol, relámpago invertido.


471

Veo el documental sobre Lil Wayne. En su nube de marihuana y cough syrup dice: Repetition is the father of learning. Money, bitches, all that comes from repetition.


472

A veces me es difícil “dejar ir” las cosas. De ahí un sentimiento de vergüenza, de odio. Deseo, entonces, como respuesta definitiva, renunciar a todos y todo, volver a comenzar / renacer. ¿Acaso no se trata, este ejercicio, siempre de volver a comenzar?


473

Todo me está costando más. Las cuestiones más insignificantes suponen una especie de condena.


474

La libertad se cumple necesariamente en un cuerpo futuro.


475

E. Marty escribe en las memorias de su amistad: “Para Barthes era loca cualquier persona cuya vida no estuviera disciplinada por la escritura”.


476

Una vida disciplinada por la escritura.
Una escritura disciplinada por la vida.


477

Consecuencias de la moral en el lenguaje: la clausura de la polisemia, de los desvíos, del delirio.


478

¿Se puede volver indemne del viaje?


479

Paro nacional por una muerte digna.


480

Maleness is a deficiency disease and males are emotional cripples.
To call a man an animal is to flatter him; he’s a machine, a walking dildo.
Every man is an island.


481

El mal que el poder hace pasar por su contrario.
El brillo opaco de la palabra teleología.
La punta roma de la palabra inteligencia.


482

El sufijo -ma indica el resultado de una acción, como en poema.


483

La memoria tiene acceso a fragmentos de experiencia. A través de operaciones complejas de identificación, referencia y diferenciación, crea imágenes que podemos amar o no, ansiar o detestar, sentirnos fascinados o envidiar. Las imágenes, a veces (situadas del lado de la naturaleza del lenguaje, de la afirmación, la arrogancia), no nos permiten vivir la vida hasta “perder el aliento” o participar de la vida que sobrevive a la vida que vivimos.
Hoy me acordé del porte de sus ojos. Anoche, mientras trataba de continuar escribiendo el libro de los 40 días, recordé la piedra de bismuto, el metal del fondo de la tierra.
Hay una frase de G. Deisler que quizás aclare en algo lo que quiero decir: “Hay imágenes y objetos que resumen lo que somos”.


484

“Qui suis-je? Si par exception je m’en rapportais à un adage: en effet pourquoi tout ne reviendrait-il pas à savoir qui je ‘hante’?”

“Who am I? If this once I were to rely on a proverb, then perhaps everything would amount to knowing whom I ‘haunt’”.

“¿Quién soy yo? Como excepción podría guiarme por un aforismo: en tal caso, ¿por qué no podría resumirse todo únicamente en saber a quién ‘frecuento’?”

Según la edición española de Cátedra, el verbo “hanter” ocupado por Bretón refiere tanto al dicho “dis-moi qui tu hantes, je te dirai qui tu es” que equivale al “dime con quién andas y te diré quién eres”, como a la ocurrencia de una aparición sobrenatural. Así precisamente lo refleja el verbo “haunt” en inglés que, además, tiene el sentido de frecuentar, “ir seguido” a un lugar.
Yo es, entonces, ese “con quien ando” / ese a quien persigo como un fantasma.


485

Foliolo, cada una de las “hojuelas de una hoja compuesta”.
Habría que pensar en comunidades politizadas cuyos individuos actuaran como los foliolos de la Mimosa pudica o pensar un cuerpo (deseante) compuesto de foliolos, ligero y verde, quisquilloso.


486

En inglés la palabra para foliolo es “leaflet”: un folleto, pequeña publicación de un número reducido de hojas.


487

Hay árboles oscuros como su propia sombra y hay árboles como pozos.


488

Podrá uno negarse a la sociedad, a la política, pues el poder construye el mal en los otros, pero no podemos negarnos a la vida que sobrevive a la vida que vivimos.


489

Intrincadas coreografías: el hastío, el deseo de estar solo y el miedo a quedar efectivamente solo. También la indecencia de reducir a los otros a meros espectadores.


490

¿A quién se dirige el lenguaje de las grúas?


491

Las operaciones de referencia no actúan entre palabra y mundo, sino entre palabra presente e imágenes ausentes.


492

La palabra vacío y su contraforma. Su significado, pleno como un cuenco en un día de lluvia.


493

Aquel árbol, de flor roja de apariencia carnosa, florece en septiembre, mantiene sus flores durante todo octubre. Es 14 de noviembre y sus flores se pudren en el suelo. La hoja nueva, verde, resplandece junto al sol de la mañana.


494

¿Qué clase de enemigo es ese que se frecuenta?


495

¿Dónde habita el cielo tras la lluvia?


496

El yo es una casa embrujada.


497

Las imágenes no nos dejan ser felices y, al mismo tiempo, pueden señalarnos la felicidad.


498

La felicidad solo es accesible a partir de su imagen.


499

Títulos futuros:
Detrás de cada cosa alguien duerme
La forma de las cosas
La vida que nos sobrevive
La insistencia del sol
El hastío


500

Un deseo que se añade a la larga lista de la insatisfacción: vivir la vida con respeto.


501

Dilema del monomaniaco: ¿qué repetir ahora?


502

Volver a comenzar. Encontrar un modo de comenzar que se crea definitivo (el último comienzo que conduzca a la consecución final de la vida: la muerte) que ocupe el espacio de una verdad última: la escritura de la vida nueva, la utopía del foliolo, el cuerpo abultado: el largo brazo de la semilla que abrasa el sol.


503

“Con la vista inmóvil, fija en la negrura del barro, adormecíase, huía de sí mismo hacia los días lejanos a los cuales iba a poner término definitivo la vida nueva, el olvido con que venía soñando desde tanto tiempo” (E.R.M. La vida nueva).


504

Alguien se pregunta: ¿cómo me puede turbar lo que nunca he tenido?


505

H. Castellano G., ocupa una frase fantástica para hablar de la afición de Filadelfio por el vino:
“Apreciaba el buen mosto”.


506

Llevar un diario sobre la actividad de las grúas.


507

Las representaciones nos permiten vivir.
¿Se puede pretender vivir sin representaciones? Utopía ulterior: el fin del mundo es el fin del sentido.


508

La semilla del Erodium cicutarium se entierra como un muerto obediente, así como quien se cansa de la vida. Estira, sin embargo, luego, su largo brazo para tomar el sol.


509

Vi una paloma posada en un charco. El charco –lo sabemos– es de alguna manera el cielo.


510

La experiencia del rizo.
¿Qué repetir?: el comienzo.


511

El libro debe ser un largo poema interminable sobre la esperanza. En algún lugar de ese poema descansa el pedazo de tierra que nos sostiene.


512

La luz del sol –a las 17:56 minutos– atraviesa el vidrio de la ventana superior y se posa en la tela de su ropa, sobre el hombro, mientras abandona la pieza, el cuarto, la escena; para siempre, esta representación.


513

Soñé que desde las alcantarillas salía humo: se manifestaba el centro líquido del mundo.


514

La ráfaga de la nota que nos despierta al mundo.
El largo aliento del poema que envuelve y adormece.
El libro que se escribe en los sueños, el libro que se escribe en medio del tráfago del mundo.


515

“El intervalo de libertad en que la vida se consume”.


516

Escribir el libro de la esperanza. Debe ser escrito antes de incorporarse por completo, con los ojos de quien sueña.


517

El infierno: la vida bajo la mirada de los otros.


518

En algún momento el deseo de interioridad se confundió con la simple exposición de intimidades (la ideología de la transparencia). Es necesario un repliegue (batirse en retirada), volver sobre los procedimientos que caracterizan el comienzo como “apertura”, la sinceridad como “apertura”, para –una vez abierto el pecho– ver el funcionamiento de lo interior.


519

La libertad que nos ofrece la doxa se reduce a un problema de elección.


520

¿Qué es la libertad cuando se dice “soy libre de elegir”?


521

Cuando una conclusión salta inmediatamente tras un estímulo de cualquier tipo, es mejor rechazarla.


522

Leo en el diario la noticia sobre un dron miniaturizado capaz de polinizar una flor. Al despertar veo a los pies de la cama el cuerpo agonizante de una abeja.


523

Brotar / devorar / saltar a la vida.


524

De la primera palabra que digo por la mañana sale una polilla: mariposa nocturna que busca la sombra.


525

El deseo es por (“a causa de” / “tiene como objetivo”) la fascinación.


526

Tranquilo. Alguna otra forma de vida cubrirá nuestras huellas.


527

Todo es signo de algo más para quien está despierto.


528

Tras cada imagen está el desierto (“el desierto avanza”), pero ¿qué hay tras la imagen del desierto?


529

Al decir de H.D.C., “cada poeta es un ecólogo”.


530

El uso de la imagen electrónica en Notebook on cities and clothes (1989) implicó para Wim Wenders un repliegue en la concepción de los contenidos representados; de pronto, un tiempo nuevo (el “tiempo real”), un flujo inédito, la continuidad de los gestos que la cámara de video hacía posible filmar abrieron la continuidad efímera del presente.
En términos generales, un cambio tecnológico envuelve una pregunta por la identidad. ¿Quién soy, a quién frecuento, a quién persigo, ante quién aparezco?


531

Soñé que estábamos en una casa amplísima. En algún momento te perdí de vista o me perdí simplemente en medio de las incontables habitaciones. Comencé a abrir puertas que conducían a otras piezas vacías en busca de la salida a la calle. Logré llegar a un patio donde encontré a un hombre joven sentado sobre el pasto, llevaba a cabo una tarea que no pude identificar pues se levantó enseguida me vio aparecer, como con una deferencia ancestral frente al extranjero. Me indicó la salida como se lo pedí. Al fondo de la casa, vista desde donde estábamos, tras una puerta con mosquitero vi a un niño de sexo indeterminable sumergido en la luz de la cocina, estaba parado casi de espaldas a mí, mirándome por sobre el hombro. Logré entrar a la casa. En la habitación había una pareja de jóvenes aprestándose a dormir. Apagaron la luz y yo, cuestión extraña, continué allí, de pie, en medio de la oscuridad. Antes de esto habíamos intercambiado algunas palabras, yo era una presencia palpable, no un fantasma, una persona completamente diferente. Un ruido como de uñas arañando una superficie de madera se repetía debajo de la cama, no los dejaba dormir. La mujer se quejaba, encendió la luz. Dentro de la pieza había un mirlo negrísimo buscando la salida de esa jaula, algo así como la libertad, un mundo más amplio. Antes de que ambos entraran en pánico y de paso asustaran al pájaro, me puse de rodillas y le hablé al mirlo, pero sin palabras. Le ofrecí mis manos abiertas, abrí la ventana y el mirlo voló de vuelta a la noche. Luego, otros pájaros comenzaron a salir de los rincones oscuros de la pieza: un gorrión, algunos chincoles, pequeñísimos chercanes, un zorzal; los ayudé a todos a salir por la ventana, pero no alcancé a salir yo mismo cuando desperté.


532

Atardecer de domingo. La inminencia. Habrá ahora que levantar los restos del fin de semana, limpiar los segmentos oscurecidos en la alfombra, los rincones en los que las noches se obstinan, restituir el orden para recibir el día con los brazos abiertos, de cara al sol.


533

“Todo es jaula
para que uno sea perfectamente
uno”.
H.D.C.


534

El proceso fundamental de la actividad onírica consiste en contar los sueños.


535

Imagina una selva.
Si digo verde
peciolo
hoja
la oscuridad desaparece.


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